“Mi abuela está a punto de morir. No hay respiradores”. ¿Pueden las impresoras 3D salvar la crisis de suministros sanitarios?

La falta de mascarillas y respiradores como consecuencia de la crisis del coronavirus ha movilizado a la comunidad tecnológica internacional para fabricarlos usando impresoras 3D.
Juan María Piñera y Marcos Castillo, dos ingenieros españoles probando un prototipo de respirador impreso en 3D
Juan María Piñera y Marcos Castillo, dos ingenieros españoles probando un prototipo de respirador impreso en 3D. Marcos Castillo

Por Elena González

Con los hospitales desbordados en ciudades de Estados Unidos, Italia y España como consecuencia de la propagación del coronavirus, los respiradores escasean y los médicos se ven obligados a elegir quién vive y quién muere. Un respirador podría salvar una vida, incluso si es uno “de campaña”, fabricado de manera exprés y casi artesanal con una impresora 3D.

En Estados Unidos, el gobierno federal ha comenzado a distribuir cinco millones de mascarillas pero, según médicos y enfermeras, serán insuficientes.

La vida de cuatro familiares de Rocío Díaz, de 21 años, depende de conseguir un respirador: “Mi abuela Luisa está a punto de fallecer por el virus, nos han dicho en el hospital que le quedan horas, y tengo a tres tías ingresadas por lo mismo, una de ellas en estado muy grave. El problema es que no hay respiradores”, explica vía telefónica desde Madrid (España).

Desde su encierro en casa, Díaz ha contactado por teléfono y correo electrónico a diez empresas que venden respiradores, “pero están agotados, me dicen”.

Un médico le aconsejó pedir ayuda en el grupo de Telegram 'Reesistencia Team / Coronavirus Makers', en el que desde el 12 de marzo trabajan ingenieros de España y América Latina para diseñar y fabricar respiradores y mascarillas utilizando impresoras tridimensionales. “Quiero comprarlo o alquilarlo aunque sea para darles una última oportunidad”, escribe Rocío en el grupo.

Aún no ha obtenido respuesta porque el diseño no está listo. “Hoy tenemos la primera prueba del respirador con un simulador de pulmones”, cuenta a Noticias Telemundo Marcos Castillo, fundador del grupo.

Se llaman Reesistencia en honor a Gordon Jackson Rees, (1918-2001), un médico británico pionero en la anestesia pediátrica e inventor del circuito respiratorio que Castillo quiere replicar con impresoras 3D. “Es un tubo y un globo que simulan el pulmón y queremos automatizarlo para evitar el bombeo manual. Con este sistema, el respirador puede bombear oxígeno durante un mes de forma autónoma”, explica.

Desde hace 11 días, Castillo trabaja sin descanso: “He ido al hospital a recoger materiales, he salido, he estado expuesto, y ni mi hija me ha visto, pero me da igual. Quiero salvar vidas”, asegura este ingeniero informático de 42 años. 

Con más de 300,000 casos de coronavirus en todo el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la alarma se ha propagado al mismo ritmo vertiginoso que la pandemia, incluso en países donde los registros todavía no han alcanzado las cifras de China o Italia.

El grupo inicial de Castillo, creado en España y con más de 2,900 miembros, se ha subdividido por zonas geográficas y ahora países como México, Colombia y Argentina tienen a sus propios ingenieros trabajando para fabricar por su cuenta respiradores, viseras y mascarillas que les protejan de lo que se les viene encima.

Los miembros de los grupos de Telegram ofrecen sus impresoras y comparten documentos de código abierto, diseños, ideas y fotografías de prototipos. “Es el momento de mostrar al mundo las posibilidades que ofrece la impresión 3D”, escribe uno de los participantes. 

Además de estas iniciativas particulares, la multinacional estadounidense Hewlett Packard- que tiene su centro de impresión mundial en 3D en San Cugat del Vallés- ya está colaborando con las autoridades locales de Barcelona (España) en el desarrollo y fabricación industrializada de un respirador para distribuirlo en hospitales de todo el país.

“A final de esta semana podremos producir 300 aparatos al día”, aseguraba hoy en una entrevista en Onda Cero Radio Pere Navarro, delegado del consorcio de la zona franca de Barcelona. Solo están a la espera de la autorización de la Agencia Española del Medicamento para comenzar a fabricar con todas las garantías de seguridad que requieren los suministros sanitarios.

Para Luisa, la abuela de Rocío Díaz, de 85 años, la vida o la muerte es una cuestión de horas o de días. “Entiendo que ella es mayor y que los médicos tienen que elegir, pero voy a intentarlo todo”, insiste Rocío.