El epicentro del horror es un horno: así buscan a sus hijos en un campo de exterminio de Los Zetas

“Es un lugar de horrores”, dice una madre sobre el rancho del narco, “pueden ser cientos de personas las que asesinaron y desaparecieron en ese lugar”.

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Por Diana Baptista

VERACRUZ, México.– Donde quiera que uno se pare, se pisa un hueso, un pedazo de ropa o cenizas.

Los restos humanos brotan de la tierra húmeda como la hierba y los árboles. Es la evidencia del terror que se vivió hace más de ocho años en uno de los campos de exterminio del cártel de Los Zetas en el estado mexicano de Veracruz.

Familias de más de 130 personas llegaron a este lugar la semana pasada como parte de la Quinta Brigada de Búsqueda de Personas Desaparecidas. El grupo, conformado en su mayoría por madres, se dedica a cavar la tierra en busca de restos humanos, con la esperanza de encontrar a sus hijos desaparecidos.

El rancho, ubicado entre los municipios de Poza Rica y Papantla, se llama La Gallera. Pertenecía a un ganadero de la región que lo dio como pago a Los Zetas para rescatar a un familiar secuestrado. Después se convirtió en el sitio donde el cártel torturaba, asesinaba, quemaba y enterraba a sus víctimas.

En las paredes se lee su marca: Z-40.

Búsqueda de restos humanos en un rancho de Los Zetas en Veracruz (México).Diana Baptista

Yadira González busca allí a su hermano Juan González, desaparecido el 6 de junio de 2006. Es una de las mujeres que encabeza los trabajos de rastreo en el rancho. Sabe distinguir entre huesos de humano y de animal, puede identificar los lugares donde se esconden las fosas clandestinas, y conoce cómo entierra el cártel a los muertos.

“Es un lugar de horrores”, dice sobre el rancho, “pueden ser cientos de personas las que asesinaron y desaparecieron en ese lugar”. 

El rancho es una casa abandonada de dos pisos, sin puertas ya ni ventanas. En una pared está la huella de una mano marcada con sangre; no muy lejos, un colchón roto y envolturas de condones.

El edificio está rodeado por vegetación, merced al clima húmedo y fértil de Veracruz. Algunos árboles son tan altos que tapan el sol. Las familias se pierden rastreando y necesitan en ocasiones que un dron los localice desde arriba.

Entre la hierba hay cientos de pañales y toallas sanitarias enterradas en montones. Yadira sabe que Los Zetas los utilizaban para esconder el olor de los cuerpos. Al excavar bajo ellos, encuentran celulares quemados, ropa interior de mujer y zapatos rotos. 

El horno que antes se usaba para cocinar zacahuil, un tipo de tamal muy popular en la región, en este campo de exterminio se empleó para cremar cuerpos.

Maddox, el perro pastor belga que la Policía Federal llevó para apoyar las labores de búsqueda, está entrenado para sentarse cada vez que huele restos humanos. Pero en el horno, el olor está en todas partes y el perro da vueltas, confundido, hasta que su entrenador lo saca del lugar. 

Huesos y restos humanos en las afueras del rancho de Los Zetas en Veracruz.Diana Baptista

Las madres entran en fila a verlo, horrorizadas. Entre ellas se preguntan por qué el cártel torturó así a sus hijos. Lloran, se abrazan, rezan. Después vuelven con sus palas y picos buscando cualquier indicio que les permita descubrir si sus hijos murieron ahí. 

“Es dolorosísimo para las familias que buscamos a nuestros amores ver esos montones de ceniza. ¿A cuántas personas les podrían pertenecer?”, se pregunta Yadira, “estamos hablando de una brutalidad como lo fueron los campos de exterminio de Hitler, pero esto está sucediendo en México”.

Cadena de errores

Esta es la quinta vez que los familiares visitan el rancho en cuatro años, y la quinta vez que las autoridades hacen un levantamiento de restos humanos. Pese a ello, el lugar aún parece un cementerio, con restos humanos por doquier.

Las familias encontraron el lugar gracias a un aviso anónimo. En 2017, la Fiscalía General de Veracruz exhumó allí seis cadáveres decapitados. Las familias encontraron después el cráneo de un niño y más de 20 fosas.

Búsqueda de restos humanos en un rancho de Los Zetas en Veracruz (México). Noticias Telemundo

También se hallaron chupones y ropa que evidencian que un bebé vivió ahí; Yadira cree que se trató del hijo de una mujer que fue secuestrada.

Mientras camina por el rancho, la mujer señala lo que considera errores de las fiscalías estatal y federal. Las paredes han sido pintadas y ya no se pueden leer los teléfonos y nombres escritos allí con lápiz. El equipo de protección de los peritos está tirado sobre la hierba. El rancho no ha sido acordonado ni protegido por el Gobierno de Veracruz pese a que contiene evidencia de cientos de asesinatos. Algunas fosas que fueron procesadas anteriormente se dejaron incompletas, con restos humanos todavía adentro. 

“¡Miren esta porquería!”, exclama Yadira mientras levanta el tapabocas que perteneció a un perito (experto forense) y quedó abandonado entre las cenizas que rodean el horno.

Las familias estaban apoyadas en esta ocasión por varias instituciones de Gobierno, incluyendo la Fiscalía General de la República, cuyos peritos iniciaron el levantamiento, centímetro a centímetro, de toda evidencia hallada en el rancho. Pero para ella no es suficiente: aún falta hacer las pruebas genéticas y más investigaciones para descubrir si alguno de los desaparecidos murió ahí.

“Ya estamos aquí, no nos van a regresar a nuestras casas. No vamos a estar sentados porque no confiamos en los trabajos de las fiscalías”, dice Yadira.

Desde los años 60, el Gobierno federal contabilizaba 61,637 desapariciones. El presidente, Andrés Manuel López Obrador, ha prometido que resolver las desapariciones será una de sus prioridades.

Búsqueda de restos humanos en un rancho de Los Zetas en Veracruz (México).Diana Baptista

Buscar entre cenizas

Los Zetas eran el brazo armado del cártel del Golfo, integrado en su principio por exmilitares. Aunque iniciaron sus operaciones en el norte del país, extendieron su área de influencia a otros estados, y en particular en Veracruz, donde implementaron la desaparición como un método para controlar a la población. 

En esta zona, con más de 2,200 desaparecidos según las últimas cifras del Gobierno federal, Los Zetas no solo mataban y enterraban a sus víctimas. Los cuerpos se deshacían en hornos o en ácido, y después se ocultaban bajo la tierra.

En dos semanas de búsqueda, la brigada encontró 12 posibles “cocinas” o lugares donde se deshacían los cuerpos. Pero no hallaron restos a los que hacer pruebas genéticas.

“Los desaparecían de nuestra vida y de la sociedad quemándolos en ácido, pozoleándolos, como ellos decían. Hace difícil la búsqueda, pero no imposible. Algo debemos encontrar” dice María de los Ángeles Ortiz, que busca a su hijo, Ángel Castro.

Ortiz acompañó la búsqueda en las presuntas “cocinas”, frustrada por la falta de hallazgos: los restos que quedan después de deshacer un cuerpo se pierden entre la tierra, la lluvia y el tiempo.

Aunque no ha encontrado a su hijo, celebra haber probado al Gobierno y a la sociedad veracruzana que sí existen esas “cocinas”, y también que cada vez son más las personas que se unen a su búsqueda: “Aquí están sus madres, sus hermanas, sus esposas, que seguirán recordándolos y no serán desaparecidos más”.

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