Fátima no es la única: en México desaparecen siete niños al día y crece la violencia infantil

"El primer desafío para niñas, niños y adolescentes es mantenerse con vida en un entorno de violencia letal", dicen los expertos. Los casos son "escalofriantes". Estas son las causas.

Por Marina E. Franco

El azote de la violencia e inseguridad en México está causando cada vez más estragos entre sus niños, niñas y adolescentes, con efectos devastadores que incluyen el homicidio, la explotación sexual, el reclutamiento forzado y el vivir con miedo.

Las imágenes recientes de niños armados en el estado de Guerrero y el caso de Fátima Cecilia Andrighetti Antón, mexicana de 7 años que fue abusada sexualmente y asesinada con brutalidad en un caso que ha conmocionado al país, son ejemplo recientes de cómo afecta la violencia a los infantes en el país.

La niña, recordada como risueña por sus familiares, fue secuestrada el martes 11 de febrero afuera de su escuela, y su cuerpo fue encontrado dentro de una bolsa el fin de semana, después de un proceso de búsqueda que las mismas autoridades han reconocido fue insuficiente, e incluso negligente.

Y en los últimos días, en medio del furor por lo sucedido a Fátima, a más niñas les arrebataron la vida. En el estado de Puebla fue asesinada Verónica, una joven de 14 años, y en Veracruz se reportó que Karina, mexicana de 16 años, fue baleada cuatro veces. En Guerrero encontraron a Jacqueline, de 17 años, muerta con señales de tortura; ella había presentado denuncias por acoso policial. Puebla, Veracruz y Guerrero son de los estados con mayores índices de feminicidio infantil, según datos oficiales.

“El primer desafío que se vislumbra para niñas, niños y adolescentes [...] es mantenerse con vida en un entorno de violencia letal por parte de instituciones del Estado y de particulares", recalca la Comisión Nacional de Derechos Humanos mexicana.

Datos “de escalofrío”

En la actualidad, uno de cada diez casos investigados como feminicidio (matar a una mujer o niña por razón de su género) a nivel nacional involucra a una persona menor de edad, y la cifra de feminicidio infantil reportado ha crecido 96% en los últimos cinco años, según análisis de datos oficiales.

La cantidad de menores secuestrados o desaparecidos también sigue en ascenso; en lo que va de esta semana se han activado 25 nuevas alertas tan solo en Ciudad de México, mientras que en todo el país se siguen recirculando decenas más circulares de menores no localizados. Los boletines pretenden ayudar en la búsqueda de menores que se hayan perdido o hayan sido plagiados.

Gran parte del problema es el “contexto de total impunidad”, indicó Juan Martín Pérez García, el director ejecutivo de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM), coalición de más de 70 organizaciones de la sociedad civil. Pérez García recalcó que esa falta de justicia se vuelve un aliciente para que se repitan y extiendan los crímenes.

REDIM publica anualmente un balance de la infancia y adolescencia en el país; en el informe más reciente, difundido a principios de enero, consignaba un promedio diario de 4 niños desaparecidos.

Esa cifra ahora es de 7 menores de edad que desaparecen cada día, según REDIM.

Y diariamente, en promedio, 3.6 mexicanos y mexicanas menores de 18 años son asesinados en diversas circunstancias, de acuerdo con el análisis de la red.

El funeral de uno de tres menores de edad que fue asesinado en una sala de videojuegos en Uruapan, Michoacán, a principios de febrero del 2020.AP

“Es algo de escalofrío que se está viviendo en nuestro país”, dijo Guillermo Gutiérrez Martínez, director de la Fundación Nacional de Investigación de Niños Robados y Desaparecidos, en declaraciones recientes. “A veces pareciera que como sociedad o como autoridades somos indiferentes ante estas circunstancias”.

“Hacemos algo hasta que nos pasan directamente las cosas, pero mientras no”, opinó Gutiérrez Martínez, cuyo grupo se dedica a hacer campañas de prevención y a difundir Alertas Amber.

Un mismo contexto, causas diversas

La Comisión Nacional para la Búsqueda de Personas Desaparecidas divulgó en enero que de los más de 47,000 menores de edad reportados como desaparecidos entre la década de 1960 hasta diciembre de 2018, más de 11,000 de ellos no han sido localizados aún. Esa cifra de infantes suma el 17% de todos los reportes de gente cuyo paradero se desconoce.

Y solamente entre diciembre de 2018 y diciembre pasado se registraron 2,720 niños, niñas y adolescentes como desaparecidos en el país, indistinto de su nacionalidad o estatus migratorio. Únicamente 1,713 fueron localizados.

Aunque no se sabe con exactitud cuál es la razón más común detrás de las cifras, expertos atribuyen buena parte de los números a la trata y a los grupos armados.

La desaparición de mujeres adolescentes “probablemente sea para fines de la explotación sexual y, en el caso de los varones, probablemente se deba al reclutamiento forzado”, dijo Pérez García, de REDIM.

Un niño mexicano reacciona con temor a un policía federal en Ciudad Juárez, Chihuahua, durante una jornada de acercamiento a la ciudadanía en 2018.Reuters

En otros casos, la situación es por una padre o madre que se lleva a los hijos como parte de una pelea con el otro progenitor, o por adolescentes que huyen de casa, según la Fundación Nacional de Investigación de Niños Robados y Desaparecidos.

Tales datos han contribuido a que los mismos menores de edad en México se sientan desamparados.

Una encuesta realizada por Save the Children hace dos años identificó que el peor temor de los menores de edad en México es ser secuestrados.

El 44% de los niños y niñas sondeados señaló el plagio como su mayor preocupación, seguida por la inseguridad en las calles, y después por temas como la falta de dinero en casa y el acceso a la salud.

Alertan por medidas ineficientes

Para Juan Martín Pérez García, el director ejecutivo de REDIM, es especialmente grave la vulneración de los menores de edad en México porque no se está haciendo lo suficiente para prevenirlo o remediarlo.

Los protocolos para la Alerta Amber, por ejemplo, suelen no seguirse; aunque se active el reporte y se circule a hospitales o estaciones de policía, no se despliega a gente para realmente realizar la investigación, dijo Pérez García.

En el caso de Fátima sucedió justamente eso: hubo retrasos para activar la alerta, que debe ser un proceso inmediato en cuanto se reporta, y los familiares de la niña dijeron que ellos fueron quienes se pusieron a buscar grabaciones de cámaras de seguridad con las que dilucidar el paradero de la menor. Su tía, Sonia López, acusó que Fátima “pudo haber sido encontrada con vida” de haber celeridad de las autoridades.

Desde que el caso se mediatizó, las investigaciones del homicidio han avanzado con rapidez y ya se detuvo a los dos presuntos responsables.

En muchos otros casos de niñas, niños y adolescentes, eso no sucede.

“La existencia y el incremento de la victimización en personas menores de 18 años es consecuencia de la ausencia de políticas y acciones del Estado para garantizar su protección y el ejercicio de sus derechos”, concluye el informe de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) sobre el efecto del crimen organizado y sus violencias en México.

El presidente, Andrés Manuel López Obrador, ha lamentado los hechos, pero ha reaccionado con tibieza al momento de promover acciones para evitar que suceda algo así de nuevo.

No obstante, antes de lo sucedido a Fátima su Gobierno había tomado algunos pasos. Por ejemplo, reinstalar el Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPINNA), que fue creado primero en 2015.

Hasta ahora esa institución se ha vertido más en temas de educación y pobreza. SIPINNA destacó en un comunicado que lo sucedido a Fátima “debe ser un parteaguas” para la seguridad infantil y que lograrlo es “obligación del Estado y corresponsabilidad social”.

En el comunicado, se recalca que el sistema ya tiene propuestas, como promover que cada estado mexicano tenga un “centro de justicia” enfocado en menores de edad. Aunque el mismo Ricardo Bucio Mújica, que dirige el SIPINNA, reconoció el camino por recorrer.

“Aceptar la violencia", indicó en Twitter, "pareciera que la ha normalizado hasta llegar a límites inimaginables de brutalidad”, .

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