El presidente de la Corte Suprema presidirá el juicio político a Trump. Pero tiene las manos atadas

El papel de Roberts será más el de un maestro de ceremonias que de magistrado en un juicio, pero sí tiene algunos poderes especiales.
El presidente del Tribunal Supremo, John Roberts, llega para el discurso sobre el estado de la Unión del presidente Donald Trump en el Capitolio el 30 de enero de 2018.Bill Clark /Getty
El presidente del Tribunal Supremo, John Roberts, llega para el discurso sobre el estado de la Unión del presidente Donald Trump en el Capitolio el 30 de enero de 2018. Bill Clark /CQ-Roll Call, Inc  via GettyCQ-Roll Call, Inc via Getty / CQ-Roll Call, Inc via Getty

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/ Fuente: TELEMUNDO

Washington DC.- Es un deber que John Roberts indudablemente no desea pero no puede evitar.

La Constitución exige que cuando un presidente sea sometido a un juicio político (en inglés, impeachment), "el presidente de la Corte Suprema lo presidirá".

Roberts será el tercero en asumir esa responsabilidad después de que Salmon P. Chase presidiera el juicio en el Senado de Andrew Johnson en 1868, y William Rehnquist el de Bill Clinton en 1999.

Roberts no tardará más que unos minutos en llegar al Capitolio, que se encuentra al otro lado de la calle de la Corte Suprema, saliendo de un tribunal que busca manejar de manera no partidista para entrar en la atmósfera política altamente cargada del Senado. Pero la imagen televisada de él sentado en la silla del funcionario que preside el juicio será engañosa: en realidad tendrá poco control sobre lo que sucede.

El papel de Roberts será más el de un maestro de ceremonias que de juez en un juicio.

"No tiene la máxima autoridad sobre casi nada", dijo Frank Bowman, un experto en juicio político en la Facultad de Derecho de la Universidad de Missouri.

Las reglas del Senado dicen que Roberts, como presidente del juicio, puede decidir sobre cuestiones clave, por ejemplo, la evidencia, incluyendo "cuestiones de relevancia, materialidad y redundancia". Pero cualquier cosa que decida puede ser revocada de inmediato por un simple voto mayoritario.

El líder de la mayoría del Senado, Mitch McConnell, republicano de Kentucky, ha enfatizado que es poco probable que Roberts emita decisiones sustanciales por su cuenta. "Anticiparía que el presidente del tribunal no tomaría ninguna decisión", dijo McConnell. "Simplemente presentaría una moción al cuerpo [de senadores] y nosotros votaríamos".

Por esa razón, los senadores no son simplemente jurados de un juicio que decide sobre los hechos. También deciden cuestiones legales, como qué evidencia se puede admitir, lo cual generalmente es el trabajo de un magistrado en el sistema judicial.

Escaso poder de decisión

Roberts tendrá algunas responsabilidades. Él puede llamar al orden en el Senado y decidir cuándo suspender la sesión. Y leerá en voz alta cualquier pregunta escrita presentada por los senadores, a quienes no se les permitirá hablar mientras el juicio esté en curso. Pero repetidamente acudirá a la funcionaria del Senado encargada de aplicar las reglas que rigen ese órgano parlamentario, Elizabeth MacDonough.

Bowman dijo que los fiscales de la Cámara de Representantes, de mayoría demócrata, pueden tratar de presionar a Roberts para que se pronuncie sobre la admisibilidad de las pruebas. "Si se ve obligado a decidir, creo que haría un esfuerzo honesto para aplicar las reglas normales de relevancia judicial", dijo Bowman. "Pero imagino que intentará evitar ser puesto en esa situación".

Además, Roberts podría emitir votos de desempate, un papel que generalmente desempeña el vicepresidente, quien puede actuar como presidente durante los procedimientos regulares del Senado. Las reglas no otorgan explícitamente al presidente de la Corte Suprema esa autoridad, pero Chase decidió dos empates en votaciones cuando presidió el juicio político de Johnson, por lo que hay algunos precedentes.

El trabajo de Roberts probablemente será más complicado que el que Rehnquist enfrentó. Antes de que comenzara el juicio de Clinton, los líderes mayoritarios y minoritarios del Senado, el republicano Trent Lott de Mississippi y el demócrata Tom Daschle de Dakota del Sur, elaboraron las reglas juntos, apegándose a las adoptadas para el juicio de Johnson. Ningún espíritu de bipartidismo ha guiado la preparación para el juicio del presidente Donald Trump.

Los líderes republicanos y demócratas han estado en un punto muerto en cuanto a la convocatoria de testigos. Muchos senadores republicanos han dicho que preferirían un juicio rápido, y McConnell ha dicho que tiene suficientes votos para proceder sin llamar primero a los testigos, un proceso que, según él, sería similar a lo que sucedió en el juicio de Clinton.

Sin embargo, los demócratas están exigiendo el testimonio de testigos clave de la Administración Trump que se han negado a testificar, una situación que difiere de los procedimientos para el juicio a Clinton. El líder de la minoría Chuck Schumer, demócrata de Nueva York, está presionando para que el ex asesor de seguridad nacional John Bolton, el jefe de gabinete interino de la Casa Blanca, Mick Mulvaney, el asesor principal de Mulvaney y un alto funcionario de la Oficina de Presupuesto de la Casa Blanca den testimonio sobre las negociaciones de Trump en Ucrania.

El desacuerdo llevó a la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, demócrata de California, a retrasar el envío de los artículos (acusaciones) de juicio político al Senado, evitando que comenzara un juicio rápido. Pero ha aumentado la presión dentro de su propio partido y Pelosi dijo el viernes que podría enviarlos tan pronto como esta semana después de consultar con su comité el martes.

Una rara oportunidad de ver a Roberts en acción

Muchos estadounidenses se fijarán en Roberts por primera vez durante el juicio político, pues el juez tiende a evitar ser el centro de atención y rara vez se le ve en acción, excepto en las tomas de posesión presidenciales, cuando administra el juramento del cargo. Cumplirá 65 años el 27 de enero y fue nominado para ser presidente de la Corte Suprema en 2005 por el presidente George W. Bush como sucesor de Rehnquist, para quien se desempeñó como asistente legal.

Roberts les dijo a los senadores en su audiencia de confirmación que, como juez, se esforzaría por ser un árbitro neutral. "Recordaré que es mi trabajo cantar bolas y strikes, no lanzar o batear", dijo.

Se convirtió en el presidente más joven de la Corte Suprema en más de 200 años y pronto molestó a muchos conservadores al escribir la decisión que salvó la Ley de Cuidado Asequible de Salud (Obamacare) del presidente Barack Obama. Pero después de que Obama criticara una decisión de la Corte Suprema durante un discurso del Estado de la Unión -frente a sus jueces-, Roberts se preguntó por qué incluso se molestaron en asistir.

"En la medida en que el Estado de la Unión se ha convertido en un mitin político, no estoy seguro de por qué estamos allí", dijo.

Roberts también se enfrentó con Trump, luego de que el presidente tuiteara críticas a quien calificó de un juez de Obama. En una inusual respuesta pública, Roberts dijo: "No tenemos jueces de Obama o de Trump, jueces de Bush o de Clinton. Lo que tenemos es un grupo extraordinario de jueces dedicados que hacen su mejor esfuerzo para darles los mismos derechos a aquellos que comparecen ante ellos. Ese poder judicial independiente es algo por lo que todos deberíamos estar agradecidos ".

El presidente del tribunal se esforzará por mostrar el mismo sentido de independencia al presidir el juicio político de Trump, pero los límites de su papel le brindarán pocas oportunidades para hacerlo.

Al reflexionar sobre su propia experiencia como presidente durante un proceso de juicio político, Rehnquist parafraseó una frase de la ópera cómica de Gilbert y Sullivan "Iolanthe": "No hice nada en particular, y lo hice muy bien".