Este hombre confesó un asesinato. Sus últimas palabras fueron extrañas. Su ejecución se basó en una mentira

Degolló a su jefe, cortándole casi la cabeza entera, porque no le gustaba su trabajo. Pero durante su juicio una mentira pudo cambiarlo todo.

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/ Source: TELEMUNDO

Travis Runnels se declaró culpable del asesinato de su antiguo supervisor de prisión hace más de 10 años. Lo degolló con una navaja porque no le gustaba su trabajo en la fábrica de zapatos de la prisión de Amarillo, Texas.

Su culpabilidad no estaba en entredicho. Pero su condena a morir por la inyección fatal en Texas desencadenó una disputa legal de 10 años y su ejecución este miércoles no ha hecho sino avivar la polémica.

El caso se complicó por la declaración de uno de los testigos de la fiscalía, un investigador estatal llamado A.P. Merillat. Los abogados defensores aseguraron que Merillat había mentido descaradamente en su testimonio y como consecuencia Runnels había sido enviado al pasillo de la muerte.

Merillat mismo sugirió después que sus declaraciones podrían no haber sido del todo certeras.

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Como investigador de crímenes cometidos en prisiones, Merillat era llamado frecuentemente a testificar sobre la peligrosidad de los reos acusados de conductas violentas. Lo que dijo entonces fue que Runnels no podría ser contenido de manera segura ni siquiera si lo condenaban a cadena perpetua sin derecho a libertad condicional. Dijo que las medidas de seguridad serían insuficientes. Pero esto estaba en contradicción con las nuevas reglas que había dispuesto el departamento de Justicia Criminal de Texas, que establecía una seguridad más estricta para los condenados por homicidio.

Los fiscales argumentaron que el jurado habría decidido condenarlo a la pena capital de cualquier forma. Tenía antecedentes violentos y ya había atacado a guardias de prisión en el pasado. Runnels había asesinado a Stanley Wiley, de 46 años, porque no le gustaba su empleo de conserje en la fábrica de zapatos, alegaron los fiscales. Quería ser transferido a un empleo en la peluquería de la prisión y se desquitó con Wiley porque no sucedió.

Antes de empezar su turno el 29 de enero de 2003, Runnels expresó a sus compañeros de prisión su molestia y lanzó amenazas contra el supervisor, WIley. Luego, subió a la oficina de Wiley, lo cogió de la cabeza y lo degolló con un cuchillo.

“Fue cobarde”, dijo el fiscal Randall Sims al jurado durante el juicio de Runnels, según la agencia de noticias The Associated Press.

Sin embargo, los abogados de Runnels aseguraron que sin el testimonio de Merillat no habría sido condenado por el jurado a morir. “Travis, como cualquier otra persona en este condado, se merece un juicio donde la gente no mienta. Ni importa lo que hayas hecho, lo que el jurado debería escuchar es la verdad”, dijo Mark Picket al Texas Tribune.  

Las cortes de Texas negaron las apelaciones. Runnels recibió la inyección fatal este miércoles, después de que la Corte Suprema rechazara aplazar su ejecución.

Cuando lo amarraron a la camilla en la cámara de ejecución le preguntaron si quería decir sus últimas palabras. “No”, respondió Runnels. Mientras la dosis letal de pentobarbital lo empezaba a recorrer, le sonrió a tres amigas que lo acompañaban afuera y lo veían desde la ventana. Les envió un beso y luego balbuceó un “Guau guau”, respiró profundamente y exhaló un ronquido.

Fue pronunciado muerto a las 7:26 pm hora local. Fue el reo número 22 en ser ejecutado este año, y el noveno en Texas. No se tienen previstas más ejecuciones este mes.