A Osmín lo vendieron y en EEUU lo llamaron Ricardo William. Guatemala tuvo que devolverle hasta su nombre

Durante años, Gustavo Tobar estaba convencido de que habían vendido a sus hijos Osmín y Jeffrey “por una buena cantidad de dólares”. En 2018, Osmín fue el primero en ganar un caso contra Guatemala por adopción irregular.

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Cuando Gustavo Tobar habló con el corresponsal de Telemundo Francisco Cuevas en 2002, estaba convencido de que habían vendido a sus hijos Osmín y Jeffrey “por una buena cantidad de dólares”.
 
Desde hacía años, Gustavo Tobar iba de juzgado en juzgado tratando de revertir la declaración de abandono y la posterior adopción internacional de sus dos hijos. Un grupo de funcionarios judiciales se los llevó de la casa donde vivían con su madre, en una barriada humilde de Ciudad de Guatemala, la mañana del 9 de enero de 1997. En ese momento Gustavo estaba trabajando en México. Osmín tenía 7 años.
 

“Lo recuerdo todos los días. Despertaba con ese recuerdo y por muchos años pensé que fue mi culpa, que no protegí a mi hermano, que no protegí a mi país, a mi padre”, rememora Osmín, quien hoy tiene 30 años.
 
Una vecina había acusado a la madre de los niños, Flor Ramírez, de abuso y abandono y eso fue suficiente para que un juzgado les incluyera en el sistema de adopción. Osmín pasó dos años en varios hogares para niños, fue separado de su hermano y adoptado a los 9 años por una pareja de Pittsburgh, Pennsylvania. Su nombre, desde entonces, fue Ricardo William Borz.
 
“Me costó adaptarme a Estados Unidos. No soy alto, soy moreno, era diferente y me afectó en la escuela. Me peleaba, tenía dentro mucha energía negativa, usaba drogas”, explica Osmín. Cada vez pensaba más en Guatemala, idealizando su niñez, y sólo quería regresar. No sabía que sus padres biológicos también le buscaban.
 
Un día, llegó un mensaje de Gustavo a través de Facebook, que le localizó gracias a un periodista de Newsweek. Osmín ya tenía 21 años y había olvidado el español: “Yo sólo hablaba inglés y él sólo hablaba español. Teníamos problemas de comunicación, pero los resolvimos con el traductor de Google y yo empecé a ser feliz. Ahí pensé que mi vida iba a empezar a ser como yo quería”.
 
Se reencontró con su padre en 2011, que fue a buscarle al aeropuerto de Ciudad de Guatemala. Le contó que le buscó durante años y que uno de los hogares por los que pasó estaba presidido por la esposa del entonces presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Umaña. “Valiéndose del cargo, Susana Luarca de Umaña, hacía lo que quería con las adopciones”, explica hoy Gustavo. Varios documentos judiciales la implican en redes de adopción irregulares en complicidad con abogados y jueces.
 
En el caso de Osmín, la jueza que firmó sus papeles de adopción fue Aida Marisuya, quien también fue entrevistada por Francisco Cuevas en 2002, como refleja el documental Los niños perdidos de Guatemala:
 
- "Parece un poco extraño que los tres casos que hemos tratado lleven su nombre", pregunta Cuevas.

- "Es que era el único juzgado", responde Marisuya.

- "¿Y a todos los mandaron al extranjero?"

- "Yo no le puedo decir por qué fueron a caer al extranjero. Eso sí ya está fuera de mi contexto".
 
La jueza Marisuya murió en mayo de este año sin que se le imputara ningún cargo. Susana Luarca de Umaña nunca fue condenada por el caso de Osmín, pero otro caso de tráfico de menores en 2015 la llevó a prisión y actualmente cumple una pena de 18 años.
 
Los padres adoptivos de Osmín no han querido nunca hablar del caso y su hermano Jeffrey decidió no tener relación con su familia biológica. Osmín, en cambio, ha empezado de cero en Guatemala. Se casó y tuvo un hijo.
 
En 2016, acudió a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y fue el primero en ganar un caso contra Guatemala por adopción irregular. En 2018, la sentencia obligó al gobierno a reconocer que consintió las malas prácticas en los procesos de adopción durante años.
 
“El Estado tenía que tomar la responsabilidad por lo que hizo contra sus niños, contra su gente. Nosotros fuimos a la Corte para decir ¡ya no más! El pueblo de Guatemala tiene que saber qué pasó y quiénes eran los criminales”, afirma.
 
Aunque el gobierno de Guatemala no ha cumplido con todas las reparaciones prometidas, le ha devuelto su nombre. En su pasaporte estadounidense se puede leer Ricardo William Borz, pero Osmín ya tiene en Guatemala una cédula de identidad que sí se corresponde, dice, con quién es en realidad: Osmín Tobar Ramírez.

Mira aquí el documental completo de Los niños perdidos de Guatemala:

Robados, arrebatados de hospitales y vendidos: los niños perdidos de Guatemala buscan a sus padres y a sus raptores