Robados, arrebatados de hospitales y vendidos: los niños perdidos de Guatemala buscan a sus padres y a sus raptores

Desde los años 80 y hasta principios de los 2000, miles de niños guatemaltecos fueron robados y vendidos por miles de dólares a personas en EEUU, Europa y Canadá. Hoy, aquellos niños han crecido y han comenzado a buscar a sus padres biológicos y a sus raptores.

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/ Fuente: TELEMUNDO

Desde los años 80 y hasta principios de los 2000, miles de niños guatemaltecos fueron robados y vendidos por miles de dólares, apartados de sus madres en los hospitales donde nacían o arrebatados de sus hogares. Hoy, aquellos niños han crecido y han comenzado a buscar a sus padres biológicos y a sus raptores. “A mi mamá le dijeron que yo había muerto”, asegura Coline Fanon. “Tenía 7 años cuando me llevaron y lo recuerdo cada día”, cuenta Ricardo William Borz. “Cuando encontré a mi madre, era demasiado tarde”, lamenta Gemma Givens.
 
Coline, Ricardo y Gemma, tres de los jóvenes que cuentan su historia en el documental Los niños perdidos de Guatemala, descubrieron un día que, en realidad, sus nombres son Mariela Sifontes, Osmín Tobar y Alejandra Yaqui. Averiguaron que, aunque sus pasaportes son estadounidenses o belgas, su origen es guatemalteco. Se enteraron de que sus padres biológicos los estaban buscando desde que los perdieron. Supieron que fueron robados de un hospital o entregados en adopción sin el consentimiento de sus familias.
 
Como ellos, toda una generación de jóvenes guatemaltecos ha crecido sin saber quiénes son sus padres.
 
“Perdimos al muchachito”

La guerra civil entre el gobierno y la guerrilla de Guatemala entre 1962 y 1996 se cobró 200,000 vidas. Pueblos mayas enteros fueron exterminados en una matanza que Naciones Unidas ha clasificado como genocidio. Los años 80 fueron especialmente cruentos. Entre 1981 y 1983, un período que incluye el régimen de 18 meses del dictador Efraín Ríos Montt (1982-1983), el Estado aplicó sin piedad la estrategia de tierra arrasada en las comunidades mayas. 440 aldeas desaparecieron del mapa como castigo a la población civil, que se había unido a la guerrilla como opción para escapar de la pobreza.
 
Las asociaciones en defensa de los derechos humanos en Guatemala calculan que 5,000 niños fueron separados de sus padres mientras huían del Ejército. En 1983, Felipe Sosa perdió la pista de su hijo Miguel Ángel durante su huida de los militares.
 
“Andábamos escondidos, salimos huyendo y nos descontrolamos. Perdimos al muchachito y, con el miedo, ya no salimos a buscar. No sabíamos si vivió o se murió. Tenía 4 años y medio”
 
Con el paso del tiempo, Felipe descubrió que su hijo pasó por una zona militar y después estuvo alojado en un hogar evangélico para niños en Santa Cruz del Quiché, el municipio donde el Ejército planeó ataques selectivos contra la población civil que resultaron en masacres. Dos décadas más tarde, supo que había sido adoptado por una familia en Tennessee, Estados Unidos y que murió hace ocho años.
 
Felipe ha intentado sin éxito viajar a Estados Unidos para llevar flores a su tumba: “Era mi primer hijo. Poder visitar sus restos en Tennessee es la esperanza que tenemos”
 
“Algunos niños fueron capturados por el Ejército y eran vistos como enemigos, como futuros guerrilleros. Los usaban para que las familias que se habían escondido salieran a buscarlos”, explica Maco Garavito, director de la Liga de Higiene Mental, una organización que desde hace 20 años intenta reunificar a las familias separadas por la guerra.
 
Otros niños terminaban con familias ajenas, en hospitales o en organizaciones religiosas cuando fueron llegando poco a poco a la capital. Según Garavito, “ahí se abre la gran oportunidad de negocio que va degenerando, a través de los años, en una red internacional de tráfico de niños que implicó a altos funcionarios del gobierno”. Garavito está convencido de que fue parte de la estrategia del Estado para hacer desaparecer a los futuros enemigos.
 
“Hay bebés para escoger”
 
Durante los años 80, 90 y principios de los 2000, los hoteles de Ciudad de Guatemala, como el Camino Real, estaban llenos de familias de Estados Unidos, Canadá y Europa en busca de niños para adoptar. Se había corrido la voz de que Guatemala era un país fácil a la hora de tramitar adopciones. Los extranjeros llegaban a orfanatos repletos de bebés.
 
Francisco Cuevas, corresponsal de Telemundo, investigó en 2002 el negocio de los niños adoptados y comprobó que adoptar a un bebé era tan sencillo como hacer una oferta económica. “Hay bebés para escoger”, afirma una de las cuidadoras que aparece en el documental.
 
Cuevas también interpeló a la responsable de una de esas casas cuna:
 
- Todos estos niños chiquitos… ¿cuántos meses tienen?, pregunta Cuevas.
 
- Tengo desde bebés de 24 horas hasta de 3 o 4 meses, responde la mujer.
 
- ¿Y uno no puede conocer a los padres?
 
- No, no… La mayor parte de mis niños van para Holanda, van para Europa. Los abogados cobran 15,000 dólares. La mitad es para los abogados y la otra mitad es para mí, para la manutención de los niños.
 
Las leyes de la época permitían que los abogados tramitaran las adopciones sin que mediaran otros controles estatales. Los niños salían del país con su pasaporte en una o dos semanas.
 
El precio de una adopción podía alcanzar los 35,000 dólares. Sólo en 2007, Guatemala ingresó 200 millones de dólares en adopciones, según un informe de 2010 de la Comisión Internacional Contra la Impunidad de Guatemala (CICIG)
 
Con los años, la demanda de niños fue tan grande que los niños de la guerra no eran suficientes. “Empezaron a robar niños en las áreas urbanas, a convencer a adolescentes embarazadas para que entregaran a sus bebés, estaban a la caza incluso en los hospitales”, señala Garavito, que ha conseguido reunir a casi 500 familias.
 
“En la procuraduría de derechos humanos se reportan constantemente casos donde las madres despiertan de la anestesia y ya no tienen a sus hijos”, denunció en 2002 Marvin Rabanales, funcionario de la Coordinador institucional de Promoción por los Derechos de la Niñez (CIPRODENI).
 
“Mi amor lindo, soy tu madre. Me dijeron que habías muerto”
 
Coline Fanon desapareció de un hospital a los pocos días de nacer, en 1986, en Ciudad de Guatemala. Los responsables del centro aseguraban que el bebé había muerto. “Cuando mi mamá quiso ver el cuerpo, le dijeron que no era posible porque yo estaba enterrada en una fosa común”, relata la joven.
 
Con 11 meses fue adoptada por una familia de Bélgica y cuando cumplió 14 años, supo por sus padres adoptivos que su nombre era Mariela Sifontes. La adopción fue tramitada por Hacer Puente, una agencia que operaba en Francia y Bélgica. 
 
El tesorero de Hacer Puente en aquellos años era Bernard Sintobin. Su carrera le llevó a la dirección interina de UNICEF Bélgica, pero sólo permaneció una semana en el cargo. Dimitió en mayo pasado cuando fue vinculado con las redes de adopción irregular. Noticias Telemundo solicitó una entrevista con él, pero declinó. A través de su abogado, manifiesta en un correo electrónico que “nunca fue testigo de actos ilegales ni participó en ellos”. Los responsables de la agencia están siendo investigados por la justicia belga.
 
Mariela encontró a su madre biológica después de 10 años de búsqueda. El 12 de diciembre de 2017 recibió un mensaje privado en Facebook: “Mi amor lindo. Soy tu madre. Créeme que siento que se me para el corazón. Me engañaron al decirme que tú habías muerto”
 
Otros niños cuyas adopciones fueron tramitadas por Hacer Puente no han tenido tanta suerte. Alberto Zune sigue buscando a sus padres biológicos y, durante su búsqueda, averiguó que las personas que aparecen en sus papeles de adopción como sus progenitores no son sus verdaderos padres. “La mujer de mi falso papá era una traficante de niños. Formaban parte de una red de tráfico que se extendía a los más altos niveles del gobierno en Guatemala”, explica.
 
Según la justicia guatemalteca, Ofelia de Gamas, cuñada del entonces presidente Óscar Humberto Mejía, ya fallecida, estuvo vinculada con varias redes de adopción irregular. Ella era la intermediaria en Guatemala de Hacer Puente. Alberto y Mariela conservan los comprobantes de pago que muestran ingresos de miles de dólares en una cuenta en Nueva York a su nombre.
 
“Díganos dónde están los niños”
 
No hay registro de cuántos niños fueron adoptados de manera irregular desde los años 80 hasta 2007, cuando cambió la ley de adopciones para incluir más controles y transparencia en los procesos. Según el Departamento de Estado, en Estados Unidos fueron adoptados casi 30,000 niños guatemaltecos. No se sabe cuántos llegaron a Canadá y a Europa.
 
Muy pocas autoridades en Guatemala han asumido su responsabilidad por la separación de miles de familias. En 1981, Edmund Mulet fue acusado de tramitar los pasaportes de cinco niños que estaban en proceso de adopción con una de las redes que se investigaron, Los Hijos del Sol, pero se desestimaron los cargos. Mulet ha desarrollado una exitosa carrera como diplomático en Naciones Unidas, y en 2019 fue candidato a la presidencia de Guatemala. En aquellos días, era sólo un abogado.
 
“La legislación lo permitía. En aquella época era totalmente legal y la prueba es que no fui a juicio”, justifica en una entrevista con Noticias Telemundo Investiga recogida en el documental. “Yo creo que a los niños se les salvó la vida. Aquí no hay víctimas” añade.
 
“Él dice que lo hizo por una cuestión humanitaria. Si es así, que nos traiga los archivos de las adopciones para que los niños puedan reencontrarse con sus familias. Eso también es humanitario. Usted tuvo información, díganos dónde están”, responde Maco Garavito.
 
En 2018, Ricardo William Borz, separado de sus padres a los 7 años, fue el primero de aquellos niños en ganar un caso contra Guatemala ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. La sentencia obligó al gobierno a reconocer que consintió las malas prácticas durante años y, aunque Guatemala no ha cumplido con las reparaciones económicas, le ha devuelto su nombre.
 
Hoy, a sus 30 años, no se cansa de repetirlo, tal y como se lo dijo a los jueces: “Mi nombre en mi pasaporte es Ricardo William Borz pero mi verdadero nombre es Osmín Ricardo Tobar Ramírez”.

Escucha también nuestro podcast sobre esta historia aquí.