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Alcohol, fiestas universitarias y muerte: dos jóvenes latinos mueren en sendos eventos de fraternidades

Estos grupos estudiantiles vuelven a ser cuestionados y suspendidos por dos fallecimientos en una semana. Así ocurrió la doble tragedia

Dylan Hernández tenía 19 años. Era “bromista y alegre”, según quienes le conocían, y nunca fallaba a la hora de hacer a todos sonreír. Acababa de graduarse en su escuela secundaria de Jacksonville (Florida), y viajó a la otra punta del país para iniciar sus estudios en la Universidad Estatal de San Diego. En la madrugada del 7 de noviembre, después de asistir a la fiesta de una fraternidad a la que aspiraba a unirse, se cayó de su litera y se golpeó la cabeza. Quizá estaba embriagado. Sus compañeros le devolvieron a su cama. Al llegar la mañana, no se despertó: murió horas más tarde.

Samuel Martínez, también latino, también de 19 años, ni siquiera llegó hasta su cama. El joven, originario de Seattle, perdió el conocimiento y dejó de respirar el martes cuando se encontraba en una casa fuera del campus con miembros de una hermandad en la Universidad Estatal de Washington, que trataron sin éxito de reanimarle.

Este centro educativo suspendió todos los eventos sociales de fraternidades hasta nueva orden mientras investiga lo ocurrido, recordando que “una parte crucial” de pertenecer a estas organizaciones estudiantiles (generalmente, con un nombre que aglutina letras griegas) es “cuidarse los unos a los otros”. La muerte parece estar relacionada con el consumo de alcohol, según reporte inicial.

La universidad californiana, por su parte, suspendió 14 fraternidades después de que la investigación policial indicara “que una fraternidad estuvo involucrada en una posible mala conducta”. Cuatro de estos grupos estudiantiles ya estaban bajo investigación antes de la muerte de Hernández.

En los últimos años ha aumentado el escrutinio sobre las fraternidades masculinas debido a muertes vinculadas con sus prácticas, y en particular con sus ritos de iniciación.

Noah Domingo, miembro de una fraternidad de la Universidad de California en Irvine, murió el 12 de enero por intoxicación accidental de etanol en un evento del grupo. Cinco estudiantes enfrentan ahora cargos, uno de ellos por suministrarle alcohol a un menor. En Estados Unidos la edad legal para consumir alcohol es 21 años.

En octubre de 2018, la Universidad de Ohio suspendió todas sus fraternidades tras la muerte de Collin Wiant, de 18 años. Una demanda presentada por la familia del joven alega que la muerte fue causada por asfixia después de ingerir óxido nitroso proporcionado y forzado por miembros de la fraternidad. El grupo acusado negó las acusaciones y afirmó que Wiant fue retirado del proceso de iniciación semanas antes debido a una acusación de agresión sexual.

En tanto, la universidad suspendió todas sus fraternidades.

Timothy Piazza, de 19 años, murió en 2017 en un rito de iniciación de una fraternidad en la Universidad Estatal de Pennsylvania. El joven cayó por unas escaleras y sufrió lesiones cerebrales, pero ninguno de los otros 20 miembros de la fraternidad presentes llamaron al teléfono 911 de emergencias ni intentaron obtener ayuda de otra forma. Las 12 horas transcurridas entre la caída de Piazza y la llamada a los servicios médicos pudo marcar la diferencia entre la vida y la muerte del estudiante.

Se han producido al menos 250 muertes por ritos de iniciación en las escuelas de Estados Unidos desde el siglo XIX, según Hank Nuwer, profesor del Franklin College que mantiene un registro verificado periodísticamente.

Algunos de esos ritos de iniciación implican alcohol, drogas, y violencia, aunque recientemente varias fraternidades han prohibido esas prácticas, al menos oficialmente.

A pesar de tener una reputación tóxica, los nuevos estudiantes pueden sentirse atraídos por el deseo de pertenecer a una comunidad. Las organizaciones recaudan dinero para la caridad o ofrecen su tiempo como voluntarios, además de celebrar eventos festivos.