Era conocido como el 'hombre-basura' y ahora cumplirá un año sin pagar por su comida

Rob Greenfield es un activista que busca llamar la atención sobre el impacto medioambiental que genera el estilo de vida actual. Vive en Orlando y durante un año no comió nada que costara dinero, para así inspirar a la gente a vivir de una manera sustentable.

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/ Fuente: TELEMUNDO

En 2016 decidió vestirse con sus propios desechos y caminar así por las calles de Nueva York. Lo empezaron a llamar 'trash-man', el 'hombre-basura'. Dos años después decretó que durante doce meses no se alimentaría de nada que costara dinero. Y el año se cumple este 10 de noviembre.

El activista Rob Greenfield vive en Orlando y solo se mueve haciendo autostop, porque esa es una de las formas en que busca reducir su impacto ambiental. No gastar dinero en comida es otra y así se ha encargado de llamar la atención del mundo entero sobre cómo el estilo de vida actual está afectando al planeta.

"Llevo un año cultivando y recolectando el 100% de mi comida. Nada de restaurantes, nada de cervezas en un bar", afirma este joven estadounidense. "La naturaleza ha sido mi jardín, mi alacena y mi farmacia". La historia de Greenfield, de 33 años, era la de una persona común y corriente. "Tenía una típica vida norteamericana (...) con el objetivo de ser millonario a los 30", recuerda sobre el momento en que decidió vivir una vida “simple”. Eso fue en 2011.

Tres años después estaba disolviendo la compañía de mercadeo que dirigía y comenzando a idear proyectos de alto impacto, como vestirse con sus propios desechos y simbolizar con eso la enorme cantidad de basura generada por los estadounidenses.

Ahora, el objetivo durante este último año ha sido inspirar a la gente a vivir de una manera sustentable.

Greenfield vive en el patio trasero de una casa en Orlando cuyos dueños colaboraron con su proyecto. Siempre va descalzo y en el jardín montó una pequeña selva donde crecen papayas, yucas, bananas, papa dulce, pimientos, berenjenas, tomates y granadas, entre otros.

Esos son sus alimentos, además de lo que pesca o encuentra muerto en la carretera. 

En el mismo patio construyó una cocina al aire libre, donde guarda las conservas y la miel que producen sus cuatro panales de abejas, y una letrina instalada también "al fresco". Al lado de la tapa del inodoro, conserva las hojas aterciopeladas de una planta que se ha convertido en su papel higiénico. "Es más suave que cualquier cosa que puedas comprar en una tienda", bromea.

Un desayuno promedio de Greenfield es un bol de papaya verde con venado, pimiento rojo, cilantro, ajo y cúrcuma cocido en leche de coco. A eso le agrega unas hojas de moringa, un árbol medicinal.

El venado lo encontró muerto por atropello en una carretera en su Wisconsin natal, adonde fue a pasar unas vacaciones este verano.

¿Y la sal de dónde viene? "Voy a la playa", cuenta. "Recojo agua de mar en una jarra o en una olla y la hiervo en el fogón". Y cuando se evapora el agua, ¡voilà! Sal.

El objetivo de este activista es "explorar profundamente lo que ingiero, entenderlo, y al mismo tiempo invitar a la gente a acompañarme en este viaje". Todo el proceso ha sido documentado y puede ser visto en su canal en YouTube. 

"Quiero inspirar a las personas a cuestionar su alimentación y a cambiar sus dietas, a cultivar sus alimentos, a apoyar a los granjeros locales y a comer de una manera que sea más beneficiosa para la Tierra, para nuestras comunidades y para nosotros mismos", dice Greenfield.

Aunque no gasta dinero en comida, de todas maneras cuenta con ingresos que consigue con charlas y conferencias que dicta sobre sus proyectos, aunque la mayoría son gratuitas.

Este año ha ganado $9.760, casi dos mil más que el año anterior. El umbral de la pobreza en Estados Unidos, debajo del cual Greenfield hace grandes esfuerzos por mantenerse, está cerca de los $13.000 anuales para un individuo que vive solo.

Lo que gana con sus libros, en la televisión, en publicidad, lo dona a organizaciones no gubernamentales con la expresa intención de evitar volverse rico con su popularidad.

"Inventé este sistema para ayudarme a mí mismo a no perder mis buenas intenciones. Creo en la vida humilde y creo que no sería fácil vivir humildemente si tuviera un montón de dinero", explica. "Tampoco creo que uno deba enriquecerse divulgando un mensaje de ayudar a los demás. Aunque la mayoría de la gente lo hace".

Ahora que su proyecto actual terminó, dice que aún no sabe qué nueva idea tendrá. Por el momento se dedicará a viajar por el mundo.

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