¿Cuánto cuesta una sirena, mitad mujer, mitad pez? En este mercado de México, las venden para denunciar asesinatos

El artista Pablo Tonatiuh refleja con estas fotografías ‘vivientes’ un drama punzante de las latinas.

Suscríbete al Email de Noticias Telemundo

Todos los días, las últimas noticias directamente en tu correo electrónico
SUSCRÍBETE
/ Fuente: TELEMUNDO

Un carnicero ofrece dos sirenas al hombre que levante más billetes por ellas. Los últimos clientes del día y el matrimonio de la tienda de botanas se asoman, la ocasión merece alargar la hora de regresar a casa. Una ranchera cobija esta exhibición de colas de pescado, senos descubiertos, y hojas de cuchillos de medio palmo.

Mientras, la cámara hace su trabajo.

Capturar esta imagen en el mercado Jorge Jiménez Cantú, en el estado de México, costó una botella de whisky y las gracias. Así es el mundo del fotógrafo Pablo Tonatiuh.

Este mexiquense de 34 años prepara una campaña para denunciar los feminicidios: “Aquí cerca está el Río de los Remedios, una fosa en la que encontraron 6.000 restos óseos”, explica mientras apunta hacia allí con su dedo desde la terraza su habitación en el municipio de Nezahualcóyotl, en el Estado de México. 

En 2014 se drenaron tramos de ese afluente de 10 millas de longitud, confirmando lo que vecinos sospechaban después de años encontrando cadáveres flotando: el Río de los Remedios era un cementerio submarino.

Una imagen de la obra 'Sirenas', de Pablo Tonatiuh. 

En sus aguas negras se hallaron los restos de 21 personas, 16 de ellas mujeres, según documenta el libro La fosa de agua, de la periodista Lydiette Carrión. Pese a la consternación nacional que provocó, la situación sólo ha empeorado desde entonces: mientras 2015 cerró con 411 mujeres asesinadas, en 2018 hubo más del doble (879). 

En el Estado de México, entre enero y junio de este año, se registraron 42 feminicidios, según la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, la cifra más alta sólo superada por Veracruz (98). 

No tengo que ser mujer para alarmarme. Es más, el hecho de que n no sea motivo de alarma nacional es lo que me llevó a hacer esta campaña”, explica Tontatiuh, que quedó huérfano de padre cuando era niño y creció junto a su madre y hermana.

Desde el tercer piso de su casa, el paisaje es una cuadrícula de tejados con tinacos. El silencio de las calles apenas se rompe cuando pasa la camioneta de aguacates a 20 pesos el medio kilo o con las instrucciones del fotógrafo a la maquilladora, que pinta escamas en los cuellos de las modelos con tonalidades reptilianas.

Las sirenas son el símbolo del feminicidio en este proyecto de 12 fotografías, de las que ya lleva cuatro. En ellas, esta figura fantástica medio humana medio animal se despoja de la tentación, lujuria y pecado que tradicionalmente se le han atribuido y se convierte en un pedazo de carne, sin voluntad y que se vende a quién decida pagar más por ella.

Tonatiuh llevaba tiempo queriendo poner su cámara delante de una sirena pero, como en todos sus proyectos, quiso antes darle contenido a las imágenes: “con el feminicidio, encontramos una epifanía”, admite el fotógrafo.

Pablo Tonatiuh, con su equipo en la Carnicería Manolo de la Ciudad de México. (A. P.)

“Yo creo mucho en el poder de las ideas. La idea de Dios a mí me transformó”, explica con rostro serio, mientras espera que la directora de arte termine de laquear las colas de látex en tonos café y azul petróleo.

Estuvo dos años en un convento formándose para ser fraile. Su intención era transmitir la idea de Dios al mundo a través del cine, pero concluyó que la vida monacal no le aseguraba el tiempo necesario para dedicarse a las pantallas.

Renunció así, se graduó en Periodismo y Comunicación en 2007, y se formó después para ser guionista. Ahora combina ese trabajo (tiene créditos, por ejemplo, en el programa Familias frente al fuego) con campañas fotográficas de denuncia social con la técnica del tableaux vivant.

Populares en la Francia del siglo XIX, las llamadas “pinturas vivientes” eran una recreación de una obra maestra de la historia de la pintura, en la que actores inmóviles y silentes posaban por unos segundos representando la escena. La técnica fue recuperada por el cine y la fotografía a finales del siglo pasado.

“El primer artista que me emocionó y que sigo admirando es David Lachapelle”, señala sobre el estadounidense que fotografió a Courtney Love sosteniendo el cadáver de Kurt Cobain en brazos, emulando La Piedad del Vaticano, de Miguel Ángel Buonarroti.

Mientras conversa, las modelos se reclinan sobre la mesa de la terraza para comer unos tacos de res, con el torso descubierto y vigilando que no se les estropee la pintura de sus vientres. Aprovechan los últimos minutos para descansar antes de comenzar la sesión. Todavía hay sol pero ya nadie entrecierra los ojos.

Tonatiuh sale de su cuarto con las nueve postales que se imprimieron para su primer proyecto de tableau vivant, bautizado Sin olvido, que denunciaba escándalos sociales y políticos de la última década en México mediante composiciones inspiradas en obras maestras de la pintura.

Concluidos los preparativos, se dirige en taxi hasta el mercado Jorge Jiménez Cantú, que comienza a vaciarse antes de que empiece la lluvia de cada tarde. Su equipo, cargado con trípodes, focos y colas de sirena, camina hasta una esquina donde se lee “Carnicería Manolo” sobre un cartón verde.

El amo del negocio manda a sus empleados que echen serrín en el suelo para que nadie resbale; en cuestión de minutos, todos los ahí presentes se ponen a las órdenes del fotógrafo. Después de días de investigación sobre su mensaje, y tres horas de maquillaje, 30 minutos le bastan a Tonatiuh para tomar las imágenes.

Soy muy consciente del tiempo porque es la vida de los demás. Los empleados de la carnicería se quedaron porque se lo pidió Manolo”, explica, acostumbrado a hacer malabares con los fondos que recibe para sus proyectos.

Pablo Tonatiuh, con su equipo en la Carnicería Manolo de la Ciudad de México. (A. P.)

Para el actual, le apoyó un regidor del municipio de Ecatepec, León Felipe Río Valle, porque como todos los que participan en Sirenas, se sintió comprometido con la causa.

Invirtió 15.000 pesos (800 dólares) en material y logística, y no espera recuperarlos: la campaña se difundirá por redes sociales, aunque aspira después a exponer las imágenes.

Imagine su cara si un día va a comprar al mercado de siempre y se encuentra un par de sirenas desnudas en subasta. Esta es la reacción que Tonatiuh quiere provocar cada vez que en México un hombre mata a una más.

“Tenemos una manera de ver a la mujer muy limitada”, reflexiona cabizbajo, relación al hecho de que las mujeres tradicionalmente se han visto como sirenas, es decir, fuente de tentación y pecado. Añade: “Espero transformar esa idea”.

Pablo Tonatiuh, con su equipo en la Carnicería Manolo de la Ciudad de México. (A. P.)