"Es desesperante". La confusión domina en la frontera de México tras la nueva política de asilo de Trump

El padre Julio López, director del albergue Nazaret, dice la frontera pasa por momentos críticos por “la mucha confusión y por todos los cambios” que solo empeoraron la situación de los migrantes. A su juicio, los únicos beneficiados a la larga serán los traficantes
Migrantes en un centro de inmigración en el Puente Internacional número 1 en Nuevo Laredo, México, el martes 16 de julio de 2019.
Migrantes en un centro de inmigración en el Puente Internacional número 1 en Nuevo Laredo, México, el martes 16 de julio de 2019.AP / AP

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/ Fuente: TELEMUNDO

Entre los solicitantes de asilo reunidos en Nuevo Laredo (México), al otro lado de la frontera de Texas (EE.UU.), dominaba este martes la confusión y el miedo al entrar en vigor la nueva norma de asilo del presidente Donald Trump,  que restringe el derecho a asilo a la mayoría de los migrantes en la frontera sur. 

 

Esta nueva medida es el intento más enérgico hasta ahora de Trump para reducir el número de personas que piden asilo en EEUU. La norma niega este derecho a cualquiera que llegue en la frontera mexicana tras haber viajado por otro país. Así se cerraría casi por completo el derecho a asilo a los migrantes centroamericanos que para llegar a Estados Unidos (a pie, en autobús, o en tren) deben atravesar al menos México. 

 

En algunos puntos de Nuevo Laredo seguían llegando migrantes a los albergues, como una familia de 7 miembros, tres de ellos menores, del estado mexicano de Michoacán, que huían de las balaceras y las extorsiones, se mostraron felices cuando aceptaron alojarles en una de las casas de acogida de la localidad. Aunque alguno tuviera que dormir en el pasillo, todos tenían la esperanza de llegar a un sitio seguro y ponerse en la lista de espera para solicitar asilo en Estados Unidos.

 

Mientras, en las instalaciones del Instituto Nacional de Migración (INM) que hay junto al Puente Internacional número I, en torno a unos 70 migrantes, muchos de ellos centroamericanos que habían cruzado México para llegar a EEUU, fueron devueltos a México con una cita con un juez y un sabor agridulce en la boca. Durante la tarde, la planta baja de ese edificio era un cúmulo de mujeres acunando a niños, hombres haciéndose preguntas y pequeños correteando ante la atenta mirada de sus padres.

 

“No nos deportaron, pero nos sacaron (de EEUU) de mala manera supuestamente en espera de una audiencia”, cuenta Nolvin Godoy, un guatemalteco de 29 años que se endeudó pagando a un coyote casi 10.000 dólares para que lo sacara de su departamento natal, Chiquimula, con su esposa y su niño de dos años y le cruzara el Río Grande para entregarse a las autoridades estadounidenses. 

 

Tras 10 días en un centro de detención de Estados Unidos, cuentan que les entregaron su cita con el juez en septiembre para iniciar el proceso de asilo. Ahora han sido devueltos a México y tienen pocas esperanzas de poder comparecer ante el juez en la fecha establecida.

 

“Hoy la ley cayó sobre nosotros y mire, nos van a llevar a Monterrey (a 200 kilómetros de distancia de Nuevo Laredo) y no sabemos qué va a pasar después porque no conocemos a nadie, estoy endeudado”, dijo.

 

Los agentes de migración mexicana les dieron comida y un documento, una especie de constancia que les garantiza el acceso a ciertos programas oficiales - no especifica a cuáles, pero México ha garantizado que podrán trabajar en el país-, y en el que le se les da un número de teléfono y correo electrónico oficial donde les pueden dar asesoría.

 

Pero Godoy, que dice que una camiseta que llevaba puesta toda manchada es su única pertenencia, cree que todo eso valdría para poco si no tiene cómo sobrevivir. “Quizás lo mejor es regresar”, comentó.

 

A ninguno de los que estaban allí, la mayoría con caras asustadas, se le pasó por la cabeza cruzar la reja que separaba el recinto oficial de inmigración del exterior. “Fuera está el crimen organizado”, apuntó el guatemalteco.

 

Como Godoy, decenas de personas fueron retornadas el martes por Nuevo Laredo y por la noche fueron llevadas a Monterrey. La mayoría había llegado a Estados Unidos de forma irregular y no tenía el perfil de quienes esperan en México semanas o meses, se apuntan en listas de espera y luego son llamados por las autoridades de Estados Unidos para procesar su petición de asilo.

 

Algunos dijeron que originalmente no habían planeado solicitar asilo en Estados Unidos y dijeron que la idea solo se les ocurrió cuando se les ofreció la opción.

 

Pero mientras la desinformación cundía entre ese grupo, otras 15 personas, incluidos cuatro niños, acudieron en la mañana del martes al Puente Internacional porque les había llegado el turno después de esperar durante semanas. Ese proceso, en el que los solicitantes se inscribían en una lista, funcionó durante mucho tiempo aceptado y reconocido por Estados Unidos y México.

 

La idea de que este sistema podría continuar funcionando dio ciertas esperanzas a otros como Linerio González, de 24 años, y Ana Paolini, de 20, un matrimonio de venezolanos que huyó de su país por amenazas por cuestiones políticas. Ahora no sabían si todo se complicaría o no con las nuevas medidas de Trump.

 

“Es desesperante”, dijo González. “Se dicen muchas cosas y no sabemos”, dijo Paolini, y agregó que la posibilidad de poder solicitar asilo, solo para ser devuelta a Nuevo Laredo, la llena de miedo.

 

El padre Julio López, director del Albergue Nazaret, financiado por la Iglesia católica, asegura que en este momento toda la frontera pasaba por momentos críticos por “la mucha confusión y por todos los cambios que se han dado”, que solo empeoraron la situación de los migrantes.

 

A su juicio, los únicos beneficiados a la larga, serán los traficantes, que pedirán más dinero para cruzar personas sin permiso de trabajo, mientras que los migrantes correrán aún más riesgo de ser víctimas de criminales.

 

“Ahora se une esta incertidumbre de las famosas deportaciones masivas que podrían poner en situación difícil a nuestros albergues”, afirmó el religioso, que temía no poder atender a los nuevos migrantes que llegasen, a los mexicanos deportados y ahora a estos retornados de nuevo estatus cuyo destino era todavía incierto.

 

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