El camino a la Casa Blanca pasará por los barrios hispanos en 2020

Pese a trabas políticas y estructurales, el voto hispano ha crecido en número e influencia desde 1980 para convertirse, por primera vez en 2020, en el bloque electoral minoritario más relevante.

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/ Fuente: TELEMUNDO

WASHINGTON.—  Los votantes hispanos serán una fuerza política innegable en los comicios presidenciales de 2020, y el camino hacia la Casa Blanca estará poblado de paradas obligatorias en los barrios hispanos de EEUU, según expertos.

Pese a trabas políticas y estructurales, el voto hispano ha crecido en número e influencia desde 1980 para convertirse, por primera vez en 2020, en el bloque electoral minoritario más grande de EEUU, según pronósticos del Centro de Investigación Pew.

Expertos consultados por Noticias Telemundo coincidieron en que el otrora “gigante dormido” ha adquirido mayor conciencia y madurez política desde la era de la Administración Reagan, pero queda un largo trecho para consolidar ese poder.

Mark López, director para asuntos de Migración Global y Demografía del Centro de Investigación Pew, señaló que el registro de hispanos elegibles para votar ha aumentado de apenas 5,3 millones en 1980 a aproximadamente 32 millones en 2020, o el 13,3% del total.

El reto de los grupos cívicos, según López, es romper de una vez con su baja participación en las urnas respecto a otros bloques electorales.

No es un voto monolítico

En 2016, los votantes hispanos totalizaron 12 millones y, aunque tienden a decantarse por el Partido Demócrata, también han apoyado a candidatos republicanos. De hecho, una cuarta parte se identifica con la ideología republicana, una proporción que ha cambiado poco a través de los años, según López.

Ronald Reagan obtuvo el 35% del voto latino en 1980 y el 37% para su reelección en 1984. Esa tendencia se repitió con George W. Bush hijo, que llegó al poder con el 35% del voto latino en 2000, y ganó la reelección cuatro años después, con el 40%.

En cambio, Mitt Romney, que perdió en 2012 frente al demócrata Barack Obama, obtuvo el 27% del voto hispano ese año.

El presidente, Donald Trump, ganó la Casa Blanca en 2016 con el 29% del voto hispano, frente al 65% que obtuvo su rival demócrata, Hillary Clinton. De cara a los comicios de 2020, su campaña apuesta por el apoyo de los cubanos y venezolanos para volver a ganar en Florida, donde uno de cada seis votantes es de origen hispano.

Melissa Mark-Viverito, presidenta interina del "Latino Victory Project",  consideró que grupos como el suyo son parte clave en el recetario de participación cívica, y que los candidatos deben hacer inversiones estratégicas y tempranas en estados como Florida, Texas, o Nevada.

Es decir, no basta que un candidato llegue de “paracaidista” a eventos electorales sino que éste debe presentarse como una alternativa real y con propuestas claras para los asuntos más acuciantes del electorado hispano, como la economía, el cuidado médico y la inmigración.

“Tenemos mucho camino por delante, pero tener a un candidato presidencial latino es muy importante, porque nuestra gente se ve reflejada a ese nivel de liderazgo y poder político”, dijo Mark-Viverito.

El exsecretario de Vivienda bajo la Administración Obama, Julián Castro, de origen mexicoamericano, es el único latino entre los 24 candidatos para la nominación presidencial demócrata, y participará en el primer debate electoral en Miami (Florida) entre el 26 y 27 de junio próximos.

“El que Julián Castro comparta tarima en el debate con otros rivales de la contienda presidencial demócrata es un logro significativo… yo sí tengo optimismo de que podremos seguir aumentando y fortaleciendo el poder político de los latinos”, como candidatos o votantes, agregó.

Un análisis de la encuestadora "Latino Decisions" determinó que, tomando en cuenta los errores de 2018, las organizaciones deben aumentar los presupuestos para incrementar sus operaciones de acercamiento y mejorar la eficacia de la movilización del voto hispano en 2020.

Barreras estructurales

Según Arturo Vargas, director ejecutivo de la Asociación Nacional de Funcionarios Latinos Elegidos (NALEO, por su sigla en inglés), el crecimiento del poder electoral de los latinos ha sido “gradual, constante, y está teniendo un mayor impacto en cada elección”.

Tan notable ha sido ese creciente poder que ha habido esfuerzos en algunos sectores “para tratar de reducir o revertir su marcha”, argumentó Vargas.

Esos esfuerzos incluyen leyes estatales que, con el pretexto de combatir el fraude, han reducido el voto por adelantado, han cerrado colegios electorales en distritos con alta concentración hispana, exigen prueba de ciudadanía para el empadronamiento o restringen el tipo de cédula de identificación para votar.

Si superan esos obstáculos, luego enfrentan “barreras estructurales discriminatorias para negarles influencia en las urnas, como hemos visto en prácticas de demarcación de distritos electorales discriminatorias en Texas y otros estados clave”, observó Vargas.

Pero la trayectoria ascendiente augura buenas noticias para los latinos, en particular para los ciudadanos naturalizados, que superan a los latinos nacidos en EEUU en inscripción y participación electoral.

“Eso no se ve entre los asiáticos y europeos. Los inmigrantes latinos están mucho mejor informados, y tienen más experiencia y participación en el terreno político, debido en buena medida a la labor de los medios de comunicación en español”, precisó Vargas.

El reto de la movilización

El reto a corto y largo plazo de los latinos es que puedan traducir su crecimiento poblacional a una mayor cuota de poder político.

“Aunque votan en cifras récord en cada ciclo electoral, más de la mitad de los hispanos que pueden votar no lo hacen. La juventud y el número de quienes votan por primera vez explican en buena medida esa menor tasa de participación”, explicó López.

Pero Vargas afirmó que ese patrón “se curará con el tiempo”, si bien otros factores  -como el ingreso salarial, nivel educativo o tasas de propiedad de vivienda- también afectan su participación electoral.

Una queja generalizada de grupos pro-inmigrantes es que los demócratas han tomado por sentado el voto hispano, mientras que los republicanos no hacen lo suficiente por conquistarlos.

Eso se debe en parte a que, pese a su continua dispersión a nuevos destinos en EEUU, los hispanos siguen concentrados en estados fuera del ajedrez político. El voto latino es clave en reñidas contiendas que se definen por un puñado de votos, como ha sucedido en Texas, Nevada y Florida.

Cerca del 80% de los latinos con frecuencia son ignorados por las campañas porque viven en estados bajo control demócrata (“azules”) o republicano (“rojos”), y eso alimenta la apatía y la errónea percepción de que “el sistema no funciona para los votantes latinos”, advirtió Vargas.

El miedo también los moviliza

Pero el miedo y la indignación también disparan su participación electoral, como sucedió en California tras la llamada Propuesta 187 de 1994, que pretendía negar servicios públicos a los inmigrantes indocumentados y fue bloqueada en los tribunales. Esa medida ayudó a teñir de azul su mapa político y el continuo declive republicano es tal que en 2018 no quedó ni un republicano en el enclave conservador del Condado Orange ni en cargos estatales.

Las políticas anti-latinas y anti-inmigrantes del Partido Republicano en California ahuyentaron a los latinos, y eso le ha costado muy caro. Ahora estamos viendo ese mismo efecto en Arizona, después de la adopción de la ley SB1070, y en Texas, con la ley SB4”,  dijo Vargas.

Un análisis del Centro Pew demostró que los demócratas recuperaron el control de la Cámara de Representantes en 2018 con la ayuda de los latinos, que ese año sumaron 29 millones de votantes inscritos, el doble respecto a 2014. De ese total, el 27% votó por primera vez.

Aunque superan en número y representación política a los asiáticos, los latinos continúan rezagados frente a los blancos y afroamericanos respecto a proporción de funcionarios elegidos.

“Estamos registrando avances, no con tanta rapidez, pero la trayectoria de ascenso se mantiene. Yo espero que el 2020 será otro año de participación histórica en las urnas y de impacto electoral para los latinos”, vaticinó Vargas.