La MS-13 prometía visas a migrantes y luego los asesinaba. Pero antes, una viuda negra les robaba todo

“Vas a hacer todo lo que Esmeralda te diga, o vamos a matar a tu madre y a vos”, le dijo. A cambio, sólo tenía que hacer "un trabajito" mortal.

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/ Fuente: TELEMUNDO

Mónica (su nombre real y apellidos no se conocen para proteger su vida) fue contratada en agosto de 2016 para cuidar los cuatro hijos de Esmeralda Flores Acosta a cambios de 250 dólares.

Parecía un buen trabajo, pero pronto comenzó a notar que algo extraño ocurría en esa casa de San Salvador. Siempre había un plato de comida extra, por ejemplo, que se llevaba fuera de la vivienda.
“En esta casa sólo tienes que ver, oír y callar”, le advirtió Flores Acosta.

Un día le pidieron que fuera ella la que llevara el plato fuera de la vivienda, y así cambió su vida para siempre.

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Caminó hasta una casa cercana con la comida, donde le abrió la puerta un hombre tatuado de los pies a la cabeza, que le apuntó con un arma en la cabeza.

“Vas a hacer todo lo que Esmeralda te diga, o vamos a matar a tu madre y a vos”, le dijo el hombre. Sólo era “un trabajito”, añadió, y después sería libre.

A los pocos días, Flores Acosta le ordenó acudir a la alcaldía de Santa Ana a conocer al que iba a ser su marido a la fuerza. El hombre también había sido engañado: le habían prometido que con esta boda conseguiría la nacionalidad estadounidense para poder emigrar, según informa el diario El Salvador Times. Y le habían obligado a hacerse un seguro de vida, recalcando que era un requisito de la embajada estadounidense.

Un mes después, el hombre estaba muerto. Según cuenta Mónica, Flores Acosta le confesó que había sido ella misma quien lo había asesinado.

Mónica fue obligada a preparar el funeral, llorarle e incluso desmayarse durante el entierro para reforzar la impresión de veracidad. Unas semanas después, un banco le llamó para que cobrara el seguro de vida: 62.500 dólares que los cómplices de Flores Costa le quitaron.

Mónica no era la única viuda negra explotada por esta banda de criminales vinculada a la pandilla callejera MS-13 o Mara Salvatrucha. En la casa de Flores Acosta, donde vivía encerrada tras la boda, conoció a varias mujeres más obligadas a casarse con desconocidos para luego cobrar el seguro o la pensión de sus maridos una vez asesinados.

Flores Acosta fue capturada en 2017 junto a seis cómplices, y acaba de ser condenada a 30 años de cárcel en la que se considera la primera sentencia de este tipo en Centroamérica, según la fiscal Violeta Olivares.

“Este grupo llevaba operando varios años”, añadió, “además de matar a los hombres, también acababan por matar a las mujeres para que no quedaran testigos que pudieran decir que habían sido forzadas a casarse”.