Bernie Sanders, el candidato demócrata más a la izquierda busca una segunda oportunidad

Le disputó la candidatura a Hillary Clinton, y ahora planea repetir ante los candidatos del 'establishment'. A su favor: la socialdemocracia gana adeptos. En su contra: aun así, sigue confundiéndose con comunismo.

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/ Fuente: TELEMUNDO

“Adolf Hitler ganó unas elecciones y 50 millones de personas murieron a resultas de esas elecciones y de la Segunda Guerra Mundial, incluyendo seis millones de judíos”, explicó Bernie Sanders en 2005, “así que lo que aprendí como niño es que la política es de hecho muy importante”.

Sanders es judío. Su familia paterna murió en los campos de concentración de la Alemania nazi. Y es político: lo ha sido durante la mayor parte de su vida, y eso es mucho decir teniendo en cuenta que tiene 77 años (es el candidato demócrata más veterano, un poco más que Donald Trump).

De hecho, podría convertirse en el presidente de mayor edad en llegar a la Casa Blanca (el récord lo tiene por ahora Trump).

Y en el primer presidente judío.

Y en el primer presidente socialista.

Socialista a la estadounidense, claro. Ni comuna parisina, ni Karl Marx o Friedrich Engels, ni Fidel Castro ni Nicolás Maduro.

Sanders propone un “socialismo democrático”, que consiste en que “debemos crear una economía que funcione para todos, no sólo para los muy ricos”, “debemos reformar el sistema democrático en Estados Unidos, que no sólo es gravemente injusto sino también, en muchos aspectos, corrupto”.

No se trata de que “el Gobierno tenga la propiedad de los medios de producción, sino de que las clases media y trabajadora que producen la riqueza se merecen un trato justo”.

Más que socialismo, pues, es socialdemocracia, así que el ejemplo no sería la Unión Soviética o Venezuela sino Suecia, Noruega y Dinamarca, países por otra parte admirados incluso por Trump.

Incluso así explicado no tiene demasiados adeptos en Estados Unidos: el partido Socialista Democrático de América tiene 50,000 miembros, aunque ha cobrado visibilidad desde la llegada de Trump a la Casa Blanca y sobre todo con la elección en noviembre de la representante Alexandria Ocasio-Cortéz.

Sanders es un precandidato demócrata, aunque no concurre por ese partido.

De hecho el socialista demócrata figura como independiente en el Senado por Vermont, del que forma parte desde 2007, tras ser alcalde de Burlington durante ocho años y miembro de la Cámara de Representantes por otros 16.

Pero aspira a representar a los demócratas en las elecciones de 2020 para desalojar a Trump de la Casa Blanca, y marcha destacado en las encuestas, aunque cada vez más rezagado respecto al favorito, Joe Biden.

Si le suena la historia es porque Sanders ya lo intentó en 2016. Entonces no había una veintena de candidatos sino dos: Sanders y la favorita, Hillary Clinton, ex secretaria de Estado y esposa del expresidente Bill Clinton.

Favorita, eso sí, hasta que acanzaron las primarias y las voces del partido y los medios de comunicación dejaron lugar al voto de los seguidores de Sanders que cada vez eran más, quienes seguían lo que él llamaba una "revolución política". Clinton ganó el primer caucus en Iowa por dos décimas, y perdió numerosas primarias después hasta el punto de que le costó asegurar su victoria como la nominada por el partido hasta junio. Lo logró entre acusaciones de que el partido había maniobrado irregularmente a su favor.

Si no lo logras, inténtalo de nuevo

El pasado 19 de febrero Sanders anunció que lo volvería a intentar este año.

A su favor cuenta con su popularidad y reconocimiento personal entre la izquierda y los independientes. En su contra, con el hecho de ser socialista (como se dice Nicolás Maduro).

Y en su favor, que las políticas socialistas cada vez cuentan con mayor empuje en Estados Unidos (siempre y cuando no se mencione que son… eh… socialistas).

Por ejemplo: incrementar el salario mínimo a 15 dólares por hora; subir los impuestos al 1% de estadounidenses más ricos y obligar a las grandes empresas a pagar su parte; invertir en modernizar carreteras, puentes, etcétera; oponerse a los grandes tratados comerciales internacionales como el TLCA; potenciar los sindicatos y las cooperativas; acabar con los paraísos fiscales en el extranjero; combatir el cambio climático; asegurar la neutralidad en Internet; y asegurar una educación universitaria asequible y educación preescolar gratuita, un sistema de sanidad pública que cubra a todos los ciudadanos, y permisos de maternidad, paternidad y enfermedad remunerados.

Sanders apuesta por prohibir la venta al público de armas de asalto para evitar los tiroteos; reducir la población carcelaria y la discriminación en el sistema penal; acabar con la pena de muerte; defiende los derechos de las personas LGBTQ; y la legalización de la marihuana.

¿Y en inmigración? ¿Y los latinos?

En cuanto a inmigración,  quiere evitar que una reforma legal devenga en la entrada de “mano de obra barata” que rebaje los salarios de los estadounidenses (una de las pocas cosas que comparte con Trump), según dice defender precisamente a las minorías (los latinos, entre ellos) que ya están en el país.

Pero apuesta por abrir un camino a la ciudadanía no sólo para los dreamers sino para todos los inmigrantes para evitar que sean explotados.

Ha criticado duramente las políticas migratorias de Trump, desde la separación de familias hasta la construcción del muro. No habla español, pero es popular entre los latinos, quizá porque abomina del racismo, la desigualdad y la explotación de los trabajadores.

Ésa es también su arma secreta, dice, para derrotar a Trump: hablar el idioma de la clase trabajadora y de los jóvenes para demostrar al electorado que respaldó al presidente en 2016 que Trump “es un fraude” que “mintió a los estadounidenses”.

Las encuestas, sin embargo, le muestran muy por debajo de Biden en cuanto a sus posibilidades de derrotar a Trump. Y el propio presidente, utilizando calificativos denigrantes para ambos candidatos como si fuera un bully de escuela, también cree que Biden finalmente derrotará a Sanders. Pero no piensa que ningún otro candidato demócrata pueda plantar cara a ambos en las primarias.