El asesor Stephen Miller dirige la purga en el Departamento de Seguridad Nacional

El presidente ha perdido la paciencia y quiere medidas más radicales contra los inmigrantes.

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/ Fuente: TELEMUNDO

“Nuestro país está lleno”, dijo el presidente, Donald Trump, en su visita el viernes a la frontera, “no podemos aceptar a nadie más”. El domingo repitió ese mensaje en la red social Twitter, pese a ser falso y acarrear además connotaciones nacionalsocialistas.

Apenas unas horas después, Trump despidió a la guardiana de las verjas del país, la secretaria de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen, y sacudió la dirección de la política migratoria en un tiempo que denuncia como de emergencia nacional por la llegada de casi 100.000 solicitantes de asilo cada mes a la frontera.

Detrás de estas acciones y de esta retórica incendiaria se esconde, según los expertos, Stephen Miller, el asesor de la Casa Blanca para temas migratorios.

¿Qué ha ocurrido?

El 28 de marzo, Trump exigió en una reunión con sus asesores en la Casa Blanca acciones drásticas para reducir la llegada de inmigrantes, incluso, como había anunciado en Twitter, el cierre de la frontera mexicana, una medida que podría acarrear fortísimas pérdidas económicas para ambos países.

Nielsen le pidió al presidente que reconsiderara, según informa la agencia de noticias The Associated Press, porque cerrar los puertos de entrada en su opinión sólo llevaría a los inmigrantes a tratar de cruzar ilegalmente la frontera.

Trump no quiso escucharla: ordenó cerrar los puertos de El Paso (Texas) a mediodía. Fin de la discusión.

Un esfuerzo desesperado por hacer cambiar de idea al presidente logró frenar la medida, según la reconstrucción realizada por la agencia informativa con 20 fuentes en la Casa Blanca y el Congreso. Pero la relación entre Nielsen y Trump, ya muy malherida, quedó vista para sentencia.

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La semana pasada, la secretaria de Seguridad Nacional acortó su primer viaje oficial a Europa para volar hasta la frontera a preparar la visita de Trump del viernes a Calexico (California).

Pocas horas antes de la llegada del presidente a la frontera, trascendió en Washington la retirada de la candidatura de Ron Vitiello como director del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, en inglés), que llevaba meses ya gestionando en funciones.

Vitiello recibió una llamada de Stephen Miller la noche antes, indicándole que no viajaría con Trump a la frontera, pero sin explicarle por qué.

Nadie avisó antes a Nielsen, que se enfureció.

El viernes, tras la visita a la frontera, Nielsen regresó a Washington mientras el presidente continuaba su viaje por California y Nevada. Para entonces, crecían los rumores de que Miller preparaba un cambio total en la cúpula del departamento que ella dirigía.

Nielsen recuperó entonces una carta de dimisión que había escrito meses antes, tras otro enfrentamiento con Trump, pero que nunca entregó.

El domingo por la noche se reunió con Trump en la Casa Blanca. Presentó su dimisión, y el presidente anunció en Twitter su relevo antes de que ella pudiera ni siquiera hacer pública su carta. El presidente avanzó además que la sustituiría Kevin McAleenan, hasta ahora al frente de la oficina de Protección de Fronteras y Aduanas (CBP, de quien depende la Patrulla Fronteriza).

Casi al mismo tiempo era despedido el jefe del Servicio Secreto, Randolph Alles, y otros altos cargos quedaban en duda, como el director del Servicio de Inmigración y Ciudadanía (USCIS), Francis Cissna.

En la cadena CNN, una fuente oficial lo calificaba de “purga casi sistemática”.

Y detrás aparecía la mano de Miller, al que el presidente había dado autoridad hace unas semanas para liderar las políticas migratorias, según el diario The Washington Post, defendiendo incluso la vuelta a la separación de padres y niños en la frontera.

El Departamento de Seguridad Nacional queda así con su cúpula desmantelada y en funciones (como el Departamento de Defensa y de Interior, o los puestos de jefe de gabinete o embajador ante Naciones Unidos, entre mucho otros).

Y Miller, de 33 años, queda reforzado pese a estar detrás, según la web informativa Quartz, de la destrucción de un acuerdo bipartidista en el Congreso que habría entregado 25.000 millones de dólares a Trump para construir el muro a cambio de un camino hacia la ciudadanía para los soñadores; del veto migratorio a países de mayoría musulmana que sacudió el inicio del mandato presidencial; o de la propuesta para negar la ciudadanía a los inmigrantes que hicieran uso de ayudas sociales.

“El hecho de que aún tenga influencia en la política y nombramientos es una escándalo”, ha criticado la congresista demócrata Ilhan Omar, que le considera “un nacionalista blanco”, es decir, un racista que cree que los blancos son superiores al resto de razas, y Estados Unidos superior a cualquier otro país.

La respuesta del hijo mayor del presidente, Donald Trump Jr. fue calificar de “antisemita” a Omar porque Miller, dijo, es judío. Poco después, el propio Trump ha reforzado ese argumento: "Es completamente inaceptable que la congresista Omar tome como objetivo a los judíos, en este caso a Stephen Miller".