Las secuelas de la redada de ICE en la fábrica de tráilers de Texas: 160 vidas destrozadas

Miguel Olivas nunca olvidará el 28 de agosto de 2018. Hacia las diez de la mañana, salió de la nave principal de la fábrica donde trabajaba en busca de unos materiales. Cuando volvió la vista al cielo al escuchar el helicóptero, ya tenía detrás a cuatro agentes de ICE.

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/ Source: TELEMUNDO

Miguel Olivas nunca olvidará el 28 de agosto de 2018. Hacia las diez de la mañana, salió de la nave principal de la fábrica donde trabajaba en busca de unos materiales y se dio cuenta de que las puertas por donde suelen entrar los tráilers estaban abiertas. No había guardias de seguridad. Cuando volvió la vista al cielo al escuchar el helicóptero, ya tenía detrás a cuatro agentes del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE, en inglés). 

“Llegaron con carros, helicópteros, perros. Había de todo”, recuerda Esmeralda Martínez. Ese día, después de su turno en la fábrica, tenía cita para ir a buscar su vestido de boda, que iba a celebrarse en 18 días, pero la modista se quedó esperándola compuesta y sin novia. Esmeralda y su prometido, Eugenio, nunca sospecharon que en lugar de acudir a una prueba de vestido, acabarían entre rejas, o que la fecha de su aniversario de casados nunca sería el 15 de septiembre. 

Junto a Miguel, Eugenio y Esmeralda, aquel día fueron arrestadas otras 157 personas en una redada masiva en la compañía Load Trail en Sumner, al norte de Texas. Fue una de las mayores operaciones de ICE en un lugar de trabajo de los últimos diez años y hoy, siete meses después, las consecuencias siguen siendo devastadoras para la comunidad latina.

Brenda Díaz siente que el día que arrestaron a su marido Giovanny Samayoa fue “el impacto más grande que puede tener cualquier familia, como si una peste hubiera pasado”. Giovanny fue deportado a Guatemala y con él se fue el principal ingreso de su mujer y sus dos hijos, de 9 y 2 años.

“Fue desastroso para muchas familias; quedaron completamente destrozadas. Era como si hubiese pasado un tornado, y hasta el día de hoy todavía hay familias en la misma situación”, explica el pastor Moisés Navarrete, que acogió a decenas de familiares de los trabajadores en la iglesia evangélica Filadelfia, en la localidad de Paris, a 19 millas de la fábrica. Todos llegaron muertos de miedo, preguntando si la Migra también iría a buscar allí a más personas indocumentadas, “pero gracias a Dios nunca vinieron”, dice el pastor.

Durante el año fiscal 2018, los arrestos de ICE en lugares de trabajo se dispararon a un 304% más respecto al mismo período de 2017. “Reducir el empleo ilegal ayuda a construir una barrera más de la seguridad fronteriza”, dijo al presentar los datos en diciembre pasado Derek N. Benner, director ejecutivo asociado de Investigaciones del departamento de Interior.

La redada de LOAD TRAIL fue la mayor del año, y durante las dos semanas posteriores, la iglesia del pastor Navarrete y la escuela Honey Groove se convirtieron en el refugio de cientos de adultos y niños. Allí atendieron sus necesidades básicas de techo, comida y afecto pero, todavía hoy, los niños siguen asustados “porque papá ya no está en casa tanto como antes. Todavía se emocionan cuando lo recuerdan, así que intentamos que hablen con consejeros para reducir el nivel de ansiedad que tienen”, explica el superintendente, Todd Morrison.

 En esos días después de la redada, los hijos de Brenda y Giovanny salían corriendo y se escondían debajo de la cama cada vez que veían una patrulla de la policía. Hoy siguen echando de menos a su padre. A Kenner, el hijo mayor de la pareja, empezó a irle mal en la escuela. “Le ha afectado mucho en los estudios, porque no tiene ese apoyo de su padre para seguir adelante”, lamenta Brenda.

Las redadas tienen un impacto directo en los más jóvenes, como ha documentado la Asociación Psicológica Americana en su informe Effects of Deportation and Forced Separation on Immigrants, their Families and Communities. Los menores presentan altos niveles de ansiedad, preocupación por la estabilidad familiar, fracaso escolar, cambios en el comportamiento y el sueño, aislamiento y dificultades económicas que pueden afectar a su salud por una mala alimentación.

“Aunque nos quedemos sin comer, si tenemos que pagarle 100 o 200 dólares al doctor, pues se paga”, asegura Miguel. A sus 63 años y después de pagar 5,000 dólares de fianza tras su arresto, ha tenido que empezar de cero para sacar adelante a un hijo con necesidades especiales. Trabajó como soldador en Load Trail durante 6 años y ahora sólo encuentra empleos temporales en la construcción. “Yo ganaba 1,200 y ahora gano 450, pero así es como se empieza”.

Esmeralda y Eugenio tuvieron que esperar cinco semanas más para poder celebrar su boda, y han empleado el dinero que tenían ahorrado para comenzar una nueva vida en pagar, poco a poco, deudas y abogados. “Ya hemos pagado al abogado 4,000 dólares de los 14,000 que debemos”. Las familias de ambos y el pastor Navarrete les han echado la mano.

Eugenio es uno de los 70 extrabajadores que han decidido demandar a Load Trail, una compañía que ya fue multada en 2014 con casi medio millón de dólares por emplear a indocumentados. Después de la multa, Load Trail prometió conseguir permisos de trabajo a sus empleados. 

Para ello, les restaban 200 dólares de cada nómina semanal, que serían destinados a financiar los permisos de trabajo, pero la visa nunca llegó. “A mi me quitaron 1,000 dólares”, denuncia Giovanny, que fue deportado y nunca recuperó su dinero. Tampoco les pagaban las horas extra, asegura Miguel: “A mi me deben unas 100 horas extra, y nunca podías tomarte vacaciones”

Siete meses después de la redada, Paris es una ciudad que sigue viviendo con miedo. Cada domingo, el pastor Moisés Navarrete reza por su comunidad. Giovanny sigue en Guatemala, esperando una oportunidad para reunirse con su familia en Texas. “Yo me agarro a la fe que tienen mis hijos en que vuelva su papá”, dice Brenda, su esposa. Eugenio y Esmeralda pudieron comenzar una vida juntos, pero tras 17 años en Estados Unidos, enfrentan la deportación. Miguel se mantiene fuerte luchando por su hijo: “Hay que tratar de salir adelante y si no se puede y me mandan a México, me voy”.