El asesino de dos niñas quedó libre por un fallo policial. Cometió otro crimen horrible. Y un error

“Es un monstruo”, dijo la familia de una de las víctimas, “es realmente el mal personificado”. Pero quedó en libertad y volvió a intentarlo.
Karen Hadaway (izquierda) y Nicola Fellows, junto a la imagen de su asesino.
Karen Hadaway (izquierda) y Nicola Fellows, junto a la imagen de su asesino.Sussex Police / Sussex Police

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/ Fuente: TELEMUNDO

Las niñas tenían miedo a la oscuridad, y se les había dicho que se mantuvieran alejadas de Wild Park. Pero aun así, en la noche del 9 de octubre de 1986, Nicola Fellows, de nueve años, le dijo a su mejor amiga, Karen Hadawa, “vamos, vayamos al parque”. Sus cuerpos fueron hallados al día siguiente por la tarde en un claro de esta zona boscosa cerca de Brighton (Reino Unido). Había sido violadas y estranguladas por el monstruo que acechaba en las sombras, y sobre el que el padre de Nicola les había avisado para evitar que fueran al parque.

La policía entrevistó a 10.000 personas para esclarecer este crimen, según informa el diario The Washington Post, y pronto centró sus sospechas en un ladronzuelo, Russell Bishop, que había despertado las sospechas del vecindario por sus largas miradas a niñas pequeñas. Pero han hecho falta 32 años para que Bishop sea juzgado y condenado (aún no se conoce la pena) por este crimen, según informa la policía de Sussex.

“Es un monstruo”, ha asegurado la familia de Fellows, “es realmente el mal personificado”, informa el diario The Telegraph.

Bishop, de cinco pies y cinco pulgadas de altura, tenía 20 años y un fino bigote en 1986. Su padre había sido arrestado ocho años antes por la violación, mutilación y asesinato de una mujer de 36 años en un parque de Brighton, un crimen por el que no fue juzgado y que no ha sido nunca resuelto. Bishop se dedicó a la misma profesión, arreglar tejados, pero además cometió pequeños robos en carros. En el momento de los crímenes, vivía con su novia, embarazada, y su hijo a dos millas de las casas de las dos niñas.

Cuando desparecieron, Bishop se unió a las tareas de búsqueda. Tres semanas después, fue arrestado, pero una cadena de errores policiales (entre ellos, que no se buscaron huellas dactilares ni se analizó la sangre hallada en los cuerpos) permitió absolver al hombre de los crímenes.

La sentencia del jurado se conoció el 10 de diciembre de 1987. Tres años después, una niña de siete años fue secuestrada en Brighton, violada en un parque, y estrangulada. El agresor creyó que estaba muerta, pero sobrevivió e identificó a Bishop como el responsable del ataque. Fue sentenciado a cadena perpetua.

Hubo que esperar a 2013 para que la policía británica volviera a examinar una prueba de cargo (un jersey abandonado junto a las víctimas) para descubrir restos de ADN de Bishop. Al fin ha sido condenado por el asesinato de las niñas. Pero no a tiempo para evitar que cometiera otro crimen abyecto antes.