¿Duele la pena de muerte? Las últimas palabras de un condenado siembran dudas sobre la inyección letal

Antes de ser ejecutado, el preso estaba bromeando. Pero las palabras que dijo cuando recibió la inyección letal han sembrado dudas sobre los efectos de estas drogas
Cámara de ejecuciones en la penitenciaría estatal de Sioux Falls, en una imagen de archivo.
Cámara de ejecuciones en la penitenciaría estatal de Sioux Falls, en una imagen de archivo. AP / AP

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Rodney Berget fue ejecutado mediante inyección letal en Dakota del Sur el pasado 29 de octubre por el asesinato hace siete años de un oficial correccional.

Berget, de 56 años, había sido condenado a cadena perpetua por un secuestro e intento de asesinato. El 12 de abril de 2011,  golpeó hasta la muerte con una tubería a un guardia, Ronald Johnson, que ese día cumplía 63 años, y luego intentó fugarse de la penitenciaría estatal en Sioux Falls junto a un compinche. Fue detenido antes de que pudiera escapar, y condenado a muerte por su crimen.

“Os amo, y nos encontraremos allí”, dijo Berget cuando era conducido a la sala de ejecuciones, después de hacer alguna broma sobre el retraso causado por su apelación de última hora (sin éxito) a la Corte Suprema.

Fue la primera ejecución en Dakota del Sur desde 2012, y la cuarta desde la restauración de la pena de muerte en 1979. Se llevó a cabo con una droga conocida como pentobarbital, que debe sedar al preso antes de administrarle las sustancias que acabarán con su vida. Su uso es polémico: el pasado mes de junio, por ejemplo, las últimas palabras de un preso condenado a muerte en Texas, tras recibir la inyección, fueron: “Quema, duele”.

Este miércoles, las autoridades de Dakota del Sur han informado sobre las últimas palabras de Berget: “¿Se supone que debo sentir esto?”. Murió 12 minutos después. La organización sin ánimo de lucro Death Penalty Information Center ha pedido a las autoridades estatales más información sobre la droga usada, asegurando que podrían estar en mal estado o haber caducado.