México dice que hay 3,630 migrantes en tránsito en su territorio hacia EE.UU.

Poco a poco, la enfermedad, el miedo y el hostigamiento de la policía están reduciendo la caravana migrante. La caravana llegó a sumar alrededor de 7,000 personas, según la ONU

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Poco a poco, la enfermedad, el miedo y el hostigamiento de la policía están reduciendo la caravana migrante. Las autoridades mexicanas han informado este miércoles a través de un comunicado de que hay aproximadamente 3,630 personas en tránsito en territorio mexicano, las cuales marcharon en la última jornada desde Huixtla a Mapastepec, en el estado de Chiapas. La plaza principal de esta localidad es pequeña y los migrantes se han dispersados por diversos lugares. Se quejan de agotamiento. Según The Associated Press en Mapastepec parecía que el tamaño de la caravana había disminuido ligeramente.

La caravana, que huye de la violencia, la pobreza y la corrupción, partió hace cerca de dos semanas desde Honduras hacia Estados Unidos, y llegó a sumar alrededor de 7,200 personas, según la ONU. El grupo, muchos de ellos con niños en cochecitos, planeaba salir de Mapastepec al amanecer del jueves con más de 1,000 millas por recorrer antes de llegar a la frontera de los Estados Unidos.

 

Un campamento improvisado establecido este miércoles en Mapastepec/AP

Según los últimos datos, hay cerca de 1,743. migrantes centroamericanos que han solicitado refugio y 116 personas alojadas en albergues que de la forma voluntaria han solicitado el retorno voluntario y han desistido de su solicitud de refugio.

José David Sarmientos Aguilar es uno de ellos. Este estudiante de 16 años de San Pedro Sula, Honduras, es uno de al menos 80 inmigrantes que esperaban en la plaza del pueblo de Huixtla, desde donde el resto de la caravana partió el miércoles por la mañana, a los autobuses que le llevarían de vuelta a Honduras.

Cuenta que se unió a la marcha "sin pensar en lo que podría suceder y las consecuencias que podría traer". La muerte de un migrante tras caer de un camión el lunes y los vagos rumores de dos migrantes muertos en Huixtla también lo empujaron a regresar. "Ha habido muchas tragedias. No es necesario seguir perdiendo más vidas para llegar allí (EE. UU.)", dice. "Estoy un poco enfermo del pecho. Tengo tos. Y así, en lugar de correr el riesgo de enfermarme y de que algo me pase, es mejor ir a casa"´añade.

La actitud del gobierno federal mexicano también ha jugado su papel en el desgaste de la caravana. Toda la comida, la ropa vieja, agua y las medicinas que se les da a los migrantes provienen de ciudadanos, grupos eclesiásticos o funcionarios locales.

El gobierno federal no les ha dado una sola comida en el extenuante camino en la carretera, ni facilitado un baño o una botella de agua. Ha reservado estos recursos básicos solo para aquellos que se entregan en las oficinas de inmigración para solicitar visas o ser deportados.

A veces la policía federal ha interferido con la caravana. En al menos un caso, The Associated Press vio a los oficiales detener a media docena de camionetas y hacer que los conductores echaran a los migrantes, mientras dejaban a bordo a los pasajeros mexicanos. En una zona donde el calor hace casi imposible caminar al mediodía, estas prácticas pueden afectar la salud de los migrantes.