El 90% de la sal de mesa contiene microplásticos

Un adulto promedio se come 2.000 microplásticos en un año, pero los científicos no saben cuáles son las consecuencias para la salud.
Un pedazo rectangular de microplástico es visible en un dedo índice.
Un pedazo rectangular de microplástico es visible en un dedo índice.AP / AP

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Un nuevo estudio publicado en la revista académica Environmental Science and Technology reveló que el 90% de las marcas de sal que consumimos contienen microplásticos.

De las 39 marcas que fueron estudiadas, en 36 encontraron las partículas inorgánicas. Las tres marcas de sal que no contienen microplásticos provienen de Taiwan (sal de mar refinada), China (sal de roca refinada) y Francia (sal de mar sin refinar). Las concentraciones de plástico más grandes fueron encontradas en Indonesia, uno de los países más contaminados por el plástico, reportó National Geographic.

El estudio amplió la investigación que la organización ambientalista Green Peace había hecho un par de años atrás, en el que descubrió que muchos productos de maquillaje como sombras de ojos, bases y lápices de labios contenían microplásticos, los cuales terminaban en el mar y eran muy difíciles de eliminar. Y reveló que un adulto promedio ingiere aproximadamente 2.000 microplásticos, tan sólo por comer sal. Sin embargo, los científicos no están seguros a partir de qué punto podrían causar daños en la salud.

Otro estudio no relacionado hecho con Hamsters, citado por la revista Scientific American, se enfocó en las consecuencias de los microplásticos en el torrente sanguíneo. Para ello, inyectaron microplásticos a los roedores y descubrieron que las partículas podrían causar coágulos en la sangre. Sin embargo, otros científicos piensan que el mayor peligro podría venir no de las fibras en sí, sino de los químicos que éstas contienen.

Pero la evidencia que hay es insuficiente. Una revisión de 320 estudios que citó National Geographic advirtió que había huecos demasiado grandes en nuestro entendimiento de los microplásticos. Para empezar, existen muchos tipos distintos de microplásticos y esto dificulta enormemente el avance de nuestro entendimiento, pues es como comparar “peras con manzanas”, dijo Aistar Boxall, una de las coautoras del estudio.

Aunque los estudios son limitados, hay miembros de la comunidad científica que están genuinamente preocupados por la ubicuidad de estas particulares potencialmente dañiñas. “Siempre hay preguntas que deben ser respondidas”, dijo Chealsea Rochman a Scientific American, un investigador de microplásticos en la Universidad de Toronto.

“Pero hemos alcanzado el punto en el que la información ya es suficiente como para que empecemos a actuar para encontrar soluciones”, dijo.