Morir en el desierto es fácil: Estos activistas están tratando de cambiar eso

El mes pasado agentes de la patrulla fronteriza arrestaron a cuatro inmigrantes indocumentados que buscaban atención médica en un campamento de ayuda en las afueras de Tucson. Los grupos humanitarios que ofrecen ayuda a las personas que atraviesan el desierto temen que sea el comienzo de una nueva represión.

Esta historia fue publicada originalmente en inglés y es reproducida aquí con permiso de BuzzFeed News

De pie a un lado de South Sasabe Road, a las afueras de Three Points, Arizona, Álvaro Enciso y Ron Kovatch consultan sus GPS de mano. La pantalla muestra un radio de dos millas y está llena de decenas de puntos rojos. "Los puntos son muertos", explica Kovatch.

El activista y artista Álvaro Enciso en su casa en Tucson, Arizona. Foto: Caitlin O'Hara para BuzzFeed News

Está nublado y aún no son las 10 de la mañana, pero la temperatura ya ha subido más de 90 grados Farenheit. Para cuando se acerque el mediodía y las nubes sobre el desierto se hayan consumido, habrá 113 grados, suficientemente caliente como para quemarse los pulmones con cada bocanada de aire.

Enciso contempla la vista y elogia la belleza del desierto de Sonora, que atrae turistas de todo el mundo. "Pero este desierto tiene un secreto", dice. “Tres mil personas han muerto aquí. Dos mil han desaparecido. Y nadie sabe de esto”.

Los dos hombres consultan el mapa de Enciso del Refugio Nacional de Vida Silvestre de Buenos Aires, discutiendo la ruta para el trayecto del día.

Enciso y Kovatch consultan el mapa. Foto: Caitlin O'Hara para BuzzFeed News

La noche anterior, Enciso trazó tres paradas potenciales para la jornada, áreas donde los activistas saben que los inmigrantes que cruzan ilegalmente la frontera recorren a menudo y donde se han encontrado los restos de inmigrantes fallecidos.

Es una rutina familiar para los miembros voluntarios de los Samaritanos de Tucson, quienes desde el 1 de julio de 2002 han hecho miles de viajes casi diarios al desierto para dejar comida, agua y otros suministros a los inmigrantes que caminan durante días en el clima implacable.

En los últimos tres años, Enciso también ha llevado algo más en sus viajes: sencillas cruces de madera adornadas con puntos rojos para marcar donde un creciente número de inmigrantes han muerto buscando el sueño americano.

Para Enciso, un artista bien conocido en Tucson, lo que está sucediendo aquí es un asunto personal. "Soy un inmigrante, vengo de América del Sur. Encontré el sueño americano, pero no todo el mundo tiene tanta suerte. Por lo tanto, se trata de mostrar solidaridad", asegura.

A Enciso le gusta decir, medio en broma, que este tramo de desierto es sede de la mayor instalación de arte de la historia. Y sigue creciendo.

"En promedio son 150 al año. Así que es como un avión comercial estrellándose anualmente", dice Kovatch sobre el número de muertos en las 20.000 millas cuadradas donde trabajan los Samaritanos de Tucson y una red de grupos humanitarios afiliados.

Los activistas temen que esas cifras aumenten bajo la administración de Trump.

En enero, el Congreso le otorgó al gobierno más de mil millones de dólares para fortalecer los tramos existentes de la valla fronteriza y aumentar dramáticamente el número de agentes de aduanas y protección fronteriza que custodiaban la frontera sur. Esto obligará a un mayor número de inmigrantes a desviarse a través del desierto inhóspito y remoto, dicen.

Algunos de los objetos dejados por los inmigrantes y hallados por los samaritanos en el desierto. Foto: Caitlin O'Hara para BuzzFeed News

A los activistas también les preocupa el enfoque de CBP (Oficina de Aduanas y Protección de Fronteras) en su trabajo humanitario. A principios de este mes, decenas de agentes fuertemente armados allanaron un campo de socorro médico operado por el grupo humanitario No More Deaths (No más muertes).

Con un pequeño ejército de funcionarios de relaciones públicas a remolque para capturar - y tuitear - el allanamiento, los agentes detuvieron a cuatro inmigrantes mexicanos que habían acudido al campamento en busca de ayuda médica.

El operativo envió un mensaje claro a los activistas a quienes se les había permitido trabajar relativamente sin obstáculos en los últimos años: no habrá consideraciones y los días de ayudar libremente a los inmigrantes han terminado.

A pocos kilómetros por South Sasabe Road, Enciso se mete en el lecho seco de un arroyo intermitente y se dirige hacia el este. Tallado en el desierto por los monzones anuales, el camino se retuerce y gira a través del paisaje prohibitivo.

A un kilómetro y medio, el 4Runner, uno de los dos vehículos de cuatro ruedas que los samaritanos usan, se detiene. Hemos llegado al primer punto rojo. Es donde el 11 de julio de 2016, agentes de la patrulla fronteriza encontraron el cuerpo de José Pérez Pérez, que había sucumbido a la hipertermia.

Morir en el desierto es fácil. Están las maneras obvias, como insolación, deshidratación, agotamiento por calor y mordeduras de serpiente. A pesar de las fuertes temperaturas diurnas, durante la noche puede llegar a ser muy frío, haciendo que la muerte por hipotermia sea común también.

Algo tan simple como un esguince de tobillo o incluso ampollas puede resultar mortal si un inmigrante no puede mantenerse al día con su grupo y se queda atrás, como sucede a menudo. Más al norte, más cerca de Phoenix, los inmigrantes sedientos se han ahogado incluso después de caer en las profundas y rápidas zanjas de riego que mantienen las granjas de algodón y cítricos del estado convertidas en verdes oasis.

Los voluntarios de los Samaritanosde Tucson Gail Kocourek, Álvaro Enciso, Winston Moore y Ron Kovatch durante una misión para dejar agua y poner cruces conmemorativas el 20 de junio al suroeste de Tucson, Arizona. Foto: Caitlin O'Hara para BuzzFeed News

Los cuatro samaritanos salen del SUV en el calor polvoriento. Como muchos miembros del grupo, todos están edad de jubilación. Muchos samaritanos provienen de otros estados que vinieron originalmente buscando el clima seco y cálido del sur de Arizona.

La mayoría, como Enciso, se unió a los samaritanos con la esperanza de proporcionar algún alivio después de escuchar sobre los peligros que enfrentan los inmigrantes.

Aunque la operación se realiza desde la Iglesia Presbiteriana de Southside, es un asunto ecuménico - los jesuitas ayudan a financiar su trabajo, y otras congregaciones cristianas y judías rutinariamente donan alimentos, agua y otros suministros.

Los samaritanos son parte de una amplia red de organizaciones que trabajan en el desierto de Sonora para salvar a tantos inmigrantes como puedan y encontrar los cuerpos de aquellos que no logran ayudar. Cuando hallan un cadáver, alertan a las autoridades locales para que lo recuperen.

Una mochila hallada en el desierto de Sonora, el 20 de junio de 2017. Foto: Foto: Caitlin O'Hara para BuzzFeed News

Mientras que algunos grupos, como las Águilas del Desierto, incluyen a miembros que antes eran inmigrantes indocumentados en Estados Unidos o que han perdido familiares en el desierto, otros como No More Deaths están formados por jóvenes cuyo voluntariado es alimentado por la indignación.

Cuando Emma, ​​una ciudadana de 29 años de Kansas City, Missouri, que trabaja con No More Deaths, llegó por primera vez a Arizona, no sabía que la crisis fronteriza aún existía. Pero después de haber trabajado en Turquía con grupos de ayuda que atendían a los refugiados sirios, una vez que escuchó las historias de las peligrosas caminatas de los inmigrantes por el desierto, supo que tenía que ser voluntaria.

"Hubo un momento interesante y terrible cuando me mudé de Turquía a aquí y descubrí que básicamente estaba sucediendo lo mismo", dijo Emma, ​​que no quiere que su nombre completo se publique por temor a ser blanco de activistas antiinmigración.

"Fue como, 'Oh, hemos militarizado la frontera, no hemos dado a la gente ninguna otra opción, y ellos tienen que correr estos riesgos mortales. Y la gente se está muriendo'".

Mientras que Enciso busca un buen lugar para plantar su cruz, los otros voluntarios se disponen a trabajar. Algunos colocan galones de agua en un lugar sombreado; otros recorren el área buscando señales de que los inmigrantes han estado recientemente allí.

Una cruz marca el lugar donde murió un inmigrante en el desierto. Foto: Caitlin O'Hara para BuzzFeed News

Dado el tamaño del desierto y las innumerables maneras en que alguien podría atravesarlo, dejar agua para los inmigrantes podría parecer como la encomienda de un tonto. Pero de hecho es relativamente fácil, gracias a los rastros de detritos que los inmigrantes dejan detrás.

Las latas de sardina y frijoles vacías y las botellas sin agua son comunes, al igual que los restos de alfombra que los inmigrantes atan a sus zapatos para ocultar sus huellas de agentes de la CBP.  Chaquetas y mochilas yacen donde fueron desechadas, blanqueadas hasta lo incoloro tras solo unos pocos días bajo el sol implacable.

No es raro encontrar vestidos y trajes elegantes, empacados por inmigrantes con la esperanza de dar una buena impresión a los posibles empleadores una vez que llegan a Estados Unidos.

Con la cruz plantada y el agua situada en el lugar, los samaritanos dedican un momento para honrar a José Pérez Pérez, el inmigrante que murió aquí, inclinando la cabeza en silencio. Con solo un nombre, la causa de la muerte y la fecha de su fallecimiento, no hay nada más que decir.

Después los voluntarios cargan sus provisiones y se siguen rumbo este más allá del lecho del arroyo, donde repetirán este ritual tres veces más antes del mediodía.

Los samaritanos y otros grupos humanitarios no son, por supuesto, los únicos que patrullan las tierras salvajes del sur de Arizona.

Veinticuatro horas al día, 365 días al año, un pequeño ejército de camiones  de CBP, vehículos todoterreno (ATV), helicópteros y unidades montadas vigilan el desierto.

Hay puntos de control en las carreteras y autopistas que conducen lejos de la frontera, e incluso en los tramos más remotos del pavimento, no pasarán más de 10 minutos sin ver uno de los SUV blancos y verdes de la agencia federal.

Desde que los activistas empezaron a venir al desierto para ayudar a los inmigrantes, tuvieron una complicada relación con CBP y otras agencias policiales de la región.

Algunas organizaciones, como Humane Borders (Fronteras Humanas), tienen relaciones de trabajo semiformales con las autoridades, lo que permite al grupo obtener permisos para colocar botellones de 30 galones de agua en áreas de tráfico intenso.

Los samaritanos de Tucson patrullan el desierto para ayudar a los inmigrantes. Foto: Foto: Caitlin O'Hara para BuzzFeed News

Sin embargo, la mayoría no trabaja con las autoridades y menos con CBP. Los agentes rastrean periódicamente los camiones de samaritanos o vigilan los puntos de recogida de agua para esperar a los inmigrantes.

Los activistas alegan que los agentes de CBP rutinariamente se enfocan en las botellas de agua colocadas en el desierto, arrojando su contenido a la arena, cortándolas, marcándolas como veneno o tiñendo el agua para disuadir a los inmigrantes de beberla.

Sin embargo, en los últimos años, los activistas y CBP parecían haber llegado a una especie de tregua incómoda. Los samaritanos dicen que mientras que los agentes de CBP todavía ocasionalmente los vigilan, no han sido acosados ​​de una manera tan abierta como en otros años.

Pero la incursión en el campo No More Deaths (No Más Muertes) a principios de este mes los preocupa. Como parte de la orden que CBP obtuvo para asaltar el campamento, el gobierno reveló que los agentes habían escondido cámaras en los senderos que conducían al sitio, según John Fife, cofundador de No More Deaths.

Fife dijo que los SUV de la Patrulla Fronteriza se han visto repetidamente a lo largo de las zona que rodea la propiedad del campamento.  CBP no respondió las solicitudes para comentar sobre el asunto, pero en una declaración posterior a la incursión en el campamento dijo que había utilizado "tecnología de vigilancia" para localizar a los cuatro inmigrantes y quiso "resaltar los peligros de cruzar ilegalmente la frontera".

A raíz de la incursión, los activistas de No More Deaths están reevaluando su estrategia y dicen que no está claro si el campamento permanecerá donde está, se moverá o será abandonado por completo en favor de las unidades móviles de ayuda médica.

En una declaración emitida por su oficina, el congresista demócrata por Arizona, Raúl Grijalva, quien  representa el área alrededor del campamento, dijo que cree que el allanamiento "muestra el enfoque inhumano adoptado por la nueva administración. Me temo que tales acciones e incidentes solo disuadirán a los inmigrantes, que ya han puesto su vida en peligro, de buscar agua, comida y refugio cuando más lo necesitan".

En términos más generales, los activistas temen que la incursión signifique un cambio en la política de "ubicaciones sensibles" de CBP. Establecida en 2013, la política retira la prioridad a las acciones de aplicación de la ley en las escuelas, iglesias y hospitales. Aunque la regulación no prohíbe las incursiones en estos espacios, el efecto práctico ha sido ponerlos fuera de los límites de los agentes  fronterizos.

Pero a pesar de esos temores, activistas como Enciso dicen que continuarán su trabajo, aunque eso signifique adaptar sus tácticas o entrar en confrontación con las autoridades. El sábado, 35 vehículos llevaron a más de 50 voluntarios al desierto para conmemorar el 15 aniversario de los Samaritanos de Tucson.

El evento de un día de duración, llamado Flood the Desert (Inunda el Desierto), sirvió para ayudar a los inmigrantes y para "hacer nuestra presencia conocida" a las comunidades locales y a la Patrulla Fronteriza, dijo Deborah McCullough, una samaritana que participó en la actividad.

"Esto va a continuar, particularmente bajo esta administración", aseguró Enciso. "A todo el mundo se le dice que venga aquí, porque esta es la tierra de la leche y la miel. Esta es la tierra prometida. Pero aparentemente, el sueño americano no es para todos".