Republicanos acorralan a Rubio pero Trump se modera

Senador Rubio vapuleado por rivales de su partido, mientras el magnate, favorito en las encuestas, aparece más que tranquilo

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A menos de tres días de la votación en New Hampshire los candidatos republicanos se enfrascaron en un debate más en el que mucha de la munición estuvo dirigida hacia el senador Marco Rubio, el supuesto candidato favorito del liderazgo del partido y quien ha venido subiendo en las encuestas.

Rubio tuvo encontronazos con el gobernador de New Jersey Chris Christie quien atacó al senador por su supuesta falta de experiencia en el gobierno. Rubio “no tiene la experiencia para ser presidente” de Estados Unidos, resumió Christie en su ataque contra el senador.

Fue uno de los pocos momentos en los varios debates que han habido en el cual Rubio se vio mal. Un detalle que traiciona a Rubio cuando se ve contra la pared es que repite lo que sus críticos llaman el discurso de siempre que tiene ante cualquier pregunta. Un elemento de este “discurso” es cambiar la sustancia de la pregunta y convertirla en un ataque al presidente Obama. Es un discurso “de 30 segundos que memoriza”, señaló Christie.

El debate mostró a un Donald Trump un tanto diferente del Trump que se ha visto en los otros debates (Trump no participó en el anterior debate republicano). Fue un Trump más calmado, menos bombástico. En la primera pregunta por ejemplo, se le preguntó si tenia “el temperamento” para ser presidente.

Trump respondió que tiene “el mejor temperamento” para ser presidente ya que ha construido varias empresas, se lleva bien con todo el mundo y fue el primero que hablo de temas como inmigración y los musulmanes.

Lo notable es que fue un Trump que no parecía enojado, al contrario, la tónica fue de mostrarse calmado. La idea al parecer de Trump era no hacer nada que pusiera en peligro la gran ventaja que lleva en las encuestas en New Hampshire.

Como no podía faltar en un debate republicano, el tema de inmigración volvió a ser punto de discusión. Nada nuevo que no se supiera. Mucho del ataque hacia Rubio, quien en algún momento apoyó la ley de reforma migratoria y luego dejó de apoyarla. Rubio repitió lo que ha dicho antes: de que mientras no se “asegure” la frontera el pueblo estadounidense no apoyará ninguna reforma migratoria.

Varios candidatos tocaron el tema de qué hacer con los 11 millones de indocumentados. Cruz para el caso, sin decirlo directamente implicó que habrá que deportarlos ya que se “aplicará la ley”. Rubio por su lado, de que luego de que se asegure la frontera se veraá cómo se les legaliza.

De los que tocaron el tema únicamente el gobernador de Ohio John Kasich fue el que directamente señaló que había que establecer un programa de legalización para los millones de indocumentados.

En la segunda parte de debate se habló de política exterior, área en la cual Rubio retomó un tanto el control. Es claro que el senador conoce del tema aunque en algún momento fue tan denso lo que habló que se perdió el hilo del argumento. Con todo, es claro que política exterior es uno de los fuertes de Rubio. Parte del problema es que no hay muchas diferencias con sus colegas republicanos.

Luego vendría una pregunta sobre la práctica -tortura para muchos- de “waterbording”, el término que describe el intento de ahogamiento de un detenido poniéndole una toalla mojada sobre su cara y añadiéndole poco a poco más agua. Es algo que se hizo durante el gobierno de  George W. Bush y que le generó intensas criticas ya que muchos lo consideran ilegal. Tan así, que ahora está prohibido por el Congreso.

Cruz dijo que lo utilizaría en algunos casos cuando fuera de urgencia. Rubio dijo que no había que discutir este tipo de cosas en público. Irónicamente, fue ex gobernador de la Florida, Jeb Bush, quien señaló que había que dejar las cosas así como estaban, es decir, no había que cambiar la ley que prohibe la práctica. Detalle interesante ya que básicamente se puso en oposición a lo que fue algo central en el trato de prisioneros durante el gobierno de su hermano el presidente Bush.

Como ha sido usual en los debates republicanos, el nombre de Hillary Clinton apareció en el debate. En este caso la pregunta de un moderador invitado via conexión con video quien cuestionó cómo cambiarían los republicanos “la narrativa” demócrata de la posibilidad de tener por primera vez a una mujer como presidente.

Trump señaló que él es el mejor calificado para competir contra ella. Que las encuestas muestran que él ganaría contra Clinton. Y que además, no se explica cómo Clinton sigue en la primaria cuando tiene el problema de sus correos electrónicos (el FBI investiga si se cometió un delito en el mal manejo de los mensajes de Clinton cuando era secretaria de estado). “Ganaremos fácilmente”, aseguró Trump.

Uno de los pocos momentos en los cuales Trump se vio alterado o al menos que le molestaba la pregunta fue durante un intercambio con Bush sobre el “eminente dominio”, la práctica en la cual el gobierno toma la propiedad privada para construir algo de necesidad pública. Primero, Trump parecía ganar el argumento señalando que es algo necesario ya que sólo así se pueden construir puentes, carreteras, etc. Bush lo golpearía señalando que Trump lo ha ocupado para “construir estacionamientos para limosinas en sus casinos”.

Ese intercambio Bush-Trump quedará quizá como pie de nota en el contexto de tanto debate, pero vale la mención ya que mostró a un Bush agresivo del cual no se ha visto mucho en esta primaria. Queda la pregunta sobre qué hubiese sucedido si desde los primeros debates se hubiese tenido a un Bush con tal “energía” -tomando el término que Trump usa en sentido negativo para atacar a Bush, de que el gobernador ‘no tiene energía’. En todo caso, fue un solo incidente y no hubo más intercambios similares entre Bush y Trump.

No queda claro si el debate cambiará voluntades en New Hampshire. Trump no hizo nada malo o penoso que haga que se caiga el apoyo que según las encuestas tiene en el estado. Cruz, que llega como el ganador de Iowa, estuvo menos intenso o agresivo que en otros debates. Un tanto quizá porque no tiene muchas esperanzas en New Hampshire -ahí no hay tantos evangélicos que fueron su principal apoyo en Iowa- y guarda sus baterías para las siguientes primarias y “caucus” (asambleas partidistas) en estados más conservadores.

Lo de Rubio es diferente. El senador, gracias a su relativo buen desempeño en Iowa, está hoy en “el ojo del huracán” de la atención de la prensa y la opinión pública que sigue los detalles de la primaria republicana. En ningún debate se le había visto tan incómodo como durante varios momentos de la noche del sábado.

Rubio está en una disputa con los tres gobernadores y ex gobernadores que siguen en la competencia (Kasich, Christie y Bush) por ocupar el lugar de candidato del “establishment” o liderazgo partidario. Quizá la consolación para Rubio es que no obstante que no tuvo un buen debate, ninguno de los “gobernadores” tuvo tampoco un debate especial que haga pensar que el senador bajara de ese lugar que hoy tiene como el favorito del “establishment”.

Es posible sin embargo, que así como a los observadores les parece que es repetitivo y muestra de poca imaginación política lo que hace Rubio de convertir toda pregunta en algo contra Obama, a las bases republicanas les agrade. No sería extraño entonces que lo que muchos ven como un mal debate -como el peor de todos-, para las bases haya sido una buena noche de Rubio.

En el debate estuvo también el neurocirujano retirado Ben Carson, quien no dijo nada especial o relevante que lo distinga del resto de candidatos. Carson, al igual que varios de los “gobernadores” tienen el desafío de como justificar seguir en la campaña si el próximo martes salen mal en la primaria en New Hampshire.