¿Habré fallado porque mis hijos no hablan español?

Con los años hemos tratado diferentes incentivos – como el de un dólar por palabra

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Dije mis primeras palabras en español. Es el lenguaje en que sueño. Con el que me comunico con los ancianos de la familia, hermanos, y parientes. Y, aunque he vivido en Estados Unidos durante cuatro décadas, nunca he tenido una conversación en inglés con mi madre.

El español es una forma de conectarme con mi herencia puertorriqueña y con mi alma latinoamericana. Sin embargo, tan enamorada que estoy de mi lengua ancestral y lo útil que ha sido en mi carrera como periodista y escritora, tengo que hacer una confesión embarazosa: mis dos hijos, nacidos y criados en los EE.UU., no son completamente bilingües.

Sé que no soy la única con el deseo de mantener el español vivo en los hijos. Millones de padres procedentes de América Latina y el Caribe luchan por mantener viva la lengua materna con sus hijos. Según un estudio del Pew Hispanic Research, menos de la mitad de la tercera generación de latinos puede hablar o leer un libro en español fluidamente.


A pesar de ello, lo intentamos como familia. Últimamente, mi hijo mayor, que está lejos en la universidad, sólo quiere hablarme en español. Las conjugaciones no son perfectas, pero al menos lo está intentando. La distancia hace crecer el cariño y entiendo que él está tratando de sentirse más cerca de mí.


Pero tengo una historia diferente en casa. Mi hijo menor, un adolescente de 13 años nacido y criado en la ciudad de Nueva York, prácticamente se ha negado durante años a hablarlo. Más aún, al comienzo del año escolar tuvo una C en español. Ahora está considerablemente mejor, porque ha recibido una B+.


Pero para mí es irritante y debo confesar que un poco embarazoso, teniendo en cuenta que mi hijo lleva el nombre de uno de los escritores más conocidos del idioma español. Su nombre es Neruda, por el poeta chileno y Premio Nobel, Pablo Neruda. ¿Ahora tienen la idea de por qué me torturo pensando que debe hablar y escribir en español?


Lamento no haber sido tan estricta cuando él era más pequeño, como mi amiga de Texas que sólo hablaba con su hijo en español ya fuera porque estaba feliz o para regañarlo. De hecho, a mis hijos le expreso mi amor y cariño en español. 


Mi amiga tejana-puertorriqueña se casó con alguien fuera de la raza y juró que esa sería la forma en que conectaría a su hijo con su tierra natal y ella misma. Es adorable oír a su hijo de 12 años, incluso con un poco de acento gringo, tener conversaciones acerca de todo lo que existe bajo el sol en español. ¡Me desmayo!


Como madre boricua he estado a punto de sentir que soy una catástrofe total porque mi hijo no puede hablarle a sus parientes de Puerto Rico en su lengua nativa. Luego, cuando oigo a mi hijo adolescente hablar inglés con palabras de nivel universitario, me tranquilizo. Ha aprendido el lenguaje de los negocios, como dice mi madre, una lengua que necesita conocer bien. Es motivo de orgullo ver que es un joven elocuente en la lengua que habla con fluidez.


La "amnesia" del español de mi hijo comenzó en el preescolar. Antes de eso sólo hablaba español, pero después de un par de semanas junto a otros niños, no quiso hablar español nunca más, ni a mí, ni a su padre, ni a nadie de la familia.


Sin embargo, como creo que la cultura es lo que finalmente nos salvará, no estoy dispuesta a renunciar a mi batalla por el español. 


Con los años hemos tratado diferentes incentivos – como el de un dólar por palabra (ese se le ocurrió a sus abuelos que extrañaban hablar con él) y hasta ahora se ha ganado $20.


Una vez le dije que no iba a tener desayuno al menos que lo pidiera en español. Se fue con hambre ese día a la escuela y me sentí como una basura; él es muy terco.


En otra ocasión, hablé sólo español por dos semanas y él lloraba porque decía que no me entendía. Un día me dijo: ¡"Mamá, no he entendido ni una palabra de lo que has dicho en dos semanas, si quieres hablar español regresa a México"! Tenía 8 años y sonaba como si estuviera llevando a cabo una campaña política nativista. Por supuesto, le dije que éramos puertorriqueños, no mexicanos. Demasiado por inculcarle a mi hijo mi herencia boricua.


Ha sido una batalla épica en nuestra casa, lo que muestra aspectos mayores sobre la cultura y la aculturación de los hispanos en Estados Unidos. El estudio del Pew Hispanic Center encontró que el 95 por ciento de los inmigrantes hispanos considera como muy importante que las futuras generaciones de latinos que viven en los EE.UU. hablen español.


Yo se que estas batallas lingüísticas entre los padres que hablan otro idioma y los hijos nacidos en Estados Unidos han sido parte de la experiencia americana Pero me preocupa que algo más profundo esté ocurriendo por estos días en las batallas de las familias que hablan español. Tal vez algunos niños no se quieran destacar en el clima anti-inmigrante latino actual, y sólo quieran centrarse en la parte estadounidense de su identidad.


En mi querida isla me topé con la solución perfecta. Sucedió durante las últimas vacaciones de primavera, cuando visitamos a mi familia paterna en un pequeño pueblo de Puerto Rico. Neruda conoció a sus primos adolescentes que no hablaban inglés. Él los quiere mucho y jugó al baloncesto con ellos comunicándose con gestos, aprendiendo algunas palabras aquí y allá. ¡Por supuesto que se negó a decirme cuáles! ¡Ahora me dice que quiere pasar más tiempo en la isla y aprender español con ellos, no conmigo!

Puede que lamente no haber sido más activa con el español en casa desde el principio, cuando él era aún más pequeño, y confieso haber sido perezosa. Pero no voy a dejar de intentarlo.


Existe una luz brillante diaria.


Hay una frase que dice ahora en español todos los días, después de explicarle (y suplicarle) lo mucho que significaría para mí sí lo hace.


Mi Neruda dice en la mañana, en la noche y cada vez que entra o sale al mundo: "Bendición, mami". Y mi corazón se derrite.


Por lo menos tengo la oportunidad de bendecirlo como mi madre y mis abuelas me bendijeron. Le respondo con alegría, ¡"Que Dios te bendiga, hijo mío"!