La entrevista Billboard: Julio Iglesias

Julio Iglesias a 40 años de carrera

Claudio Vergara

Hoy, a sus 65 años, Julio Iglesias no sólo se comporta como un artista. Habla como ejecutivo multinacional. Sin repetir ni equivocarse, sus planes los describe como un proyecto de expansión empresarial: “En febrero cantaré en Punta del Este, [el primero de abril] en Santiago de Chile y luego sigo a Amsterdan, los Emiratos Arabes, Argelia, Beirut, El Cairo y estoy hasta fines de mayo en el Middle East. Para fin de año, Australia y Nueva Zelandia”.

Media hora antes de la hora pactada para este entrevista, el cantante español más vendedor de todos los tiempos llama directamente desde su teléfono y se presenta con la irónica modestia de los que ya tienen al mundo en su bolsillo: "Aló. Habla Julio Iglesias, un cantante español que por ahí nadie conoce mucho... jejeje". Cuando la conversación rasguña los 30 minutos, su asistente en Punta Cana no se entera del llamado y telefonea por otra línea para advertir que la entrevista está a punto de comenzar.

Está claro: Julio hace lo que quiere. La vida a su manera. Son las ventajas de contar 40 años de trayectoria, iniciados con su triunfo en el Festival de Benidorm en 1968, y que se celebran con un extenso tour que este año pasará por parte de Latinoamérica.

Usted ha pasado los últimos 30 años sin cantar demasiado en Latinoamérica. ¿Hay alguna razón especial?

Julio Iglesias: Es cierto, pasé mucho tiempo sin ir a Latinoamérica, toda una generación. No sé, muchas veces no se ajustaron las agendas, tuve que ir de Finlandia a China y a veces hay que repartir el tiempo. Ya no queda mucho tiempo en general...

¿Lo cree así?

O sea, queda tiempo, pero debo repartirlo para cantar en mi país. Me llaman de todos lados, digo no, digo sí, luego me reprocho “para qué habré dicho que si”, y así... ¿me entiendes? Es un problema de agenda y también familiar: debo hacer giras pensando en la viabilidad de estar con mis hijos. Y ahora tengo un avión muy cómodo y pueden viajar conmigo de manera muy placentera. Pero sí debo organizar mejor mi vida, no como antes que agarraba mi avión y partía donde quería. Debo cumplirle a mi vida personal, familiar y empresarial.

Hoy tiene cinco hijos que van entre el año y medio y los 11 ¿Le gustaría tener otro a los 90, como su padre?

No, además que eso es una pregunta muy seria, es para dos. Mis hijos crecen bien y con una educación de ejemplo, porque yo no soy un ejemplo para muchas cosas, pero para ser padre y para la disciplina sí. Sin disciplina no hubiese tenido más hijos ni sería artista. O hubiese quedado abandonado. Qué horrible.

¿Nunca ha pensado en dejar de cantar de manera definitiva?

Mi niño, es lo único que yo sé hacer. Es el gran estímulo que tiene mi vida, aparte de la ilusión que me trajeron estos cinco hijos nuevos. Tengo 65 años y calculo que me quedan unos 60 más para seguir cantando, jejeje... Además, canto porque la sangre circula más fuerte, porque las piernas hacen ejercicio y te miras al espejo antes de cantar, porque cuando dejas de hacerlo es porque estás jodido.

A estas alturas, ¿canta también por dinero?

No, qué va, es lo de menos. Hace muchos años que no canto por dinero. Mira, puedes llamar a los organizadores de mis giras y preguntarles: ¿Julio canta por dinero?\' Que digan lo que gano por concierto y luego digan lo que me cuesta a mí un show. Te van a decir que a mí me cuesta dinero actuar en Latinoamérica y yo pago mis giras ahí. No exijo nada de plata, porque, de hecho, ya mi avión privado me cuesta todo lo que me pagan. Además, yo reparto mucho dinero de manera anónima y mi conciencia está tranquila. Las reparto en instancias privadas que no es necesario publicar.

O sea, es un gesto inédito: mientras gran parte de los artistas hoy hacen dinero gracias a las giras, usted saca dinero de su bolsillo para hacer esas giras.

No, no es que me cueste dinero cantar. Voy a Latinoamérica y no exijo el dinero que no pueden pagarme. Jamás en la vida. Yo soy el que pago mis giras latinoamericanas, procuro que mi staff ni las toque. Tengo el deber de cantar a los países que me dieron todo cuando yo era un caballito con las piernas finas que no ganaba una carrera, cuando cantaba absolutamente mal. Por eso cuando voy para allá lo primero que hago es controlar los precios de las entradas. Trato de que me digan antes lo que voy a cobrar.

Con esto destruye el mito de que usted siempre ha sido un artista asociado al lujo. En enero en Playa del Carmen dijo: “Yo hacía el amor antes de cantar; ahora, si hago el amor, ya no canto”. ¿También quiere desterrar el mito de playboy latino?

Naaaa, pero ese es un chiste, hay que ponerle el jajaja y la gente entiende que es un chiste. Después de cantar en un escenario por 40 años hay que tener humor, entretener al público, no hay que ser como una máquina aburrida. Además, las leyendas no se pueden desmitificar, las hacen años y años, están hechas de boca en boca, por pueblos y pueblos, y yo no quiero ser más fuerte que mi leyenda. En todo caso, yo no soy ningún mito ni ninguna leyenda.

¿Le interesan las nuevas generaciones?

Si, hace 15 minutos hablé con (el tenista) Rafael Nadal, porque lo quiero mucho y de vez en cuando nos llamamos. Me emocioné tanto con su triunfo en el pasado Abierto de Australia y me sentí orgulloso de ser español. Lo que siento en él es el reflejo de la disciplina para ganar, para hacerse mejor. Es humilde, es generoso, es un tipazo y es campeón. Para mí, el mejor deportista español de la historia. No le doy consejos, ¡cómo lo voy a hacer! A esa gente hay que darle las gracias.