Blog 3: Appearances can be deceiving

Appearances are just an image... ¿Somos nosotros, aunque no nos demos cuenta, los que nos reflejamos en los demás?

¿Las apariencias nos dicen algo, o somos nosotros los que nos proyectamos en los demás?

 

No lo puedo evitar... Cada vez que conozco a alguien por primera vez, le hago un rápido y completo análisis en lo que tardo en decir “Me llamo Mia, mucho gusto”. Me fijo en lo que viste (¿ropa cara? ¿muestra demasiado? ¿muestra demasiado poco?), en su peinado (¿será su color natural? ¿no tiene cepillos en casa?), en su cuerpo (¿cuántas horas se pasará en el gimnasio? ¿es que come sólo una vez al día? ¿es que se pasa el día comiendo?), en su forma de hablar (¿puedes hablar más alto, por favor? ¿por qué sólo usa monosílabos? ¿puedes callarte ya?), en cómo me mira, en cómo huele... Después de realizar el análisis con éxito, obtengo el resultado: “¡Ésta me va a robar el novio!”, “¡Nos vamos a sacar los ojos como nos pongan a trabajar juntos!”, “OMG!!! Best friend forever!!!”.  Exagero, de acuerdo, pero admitan que a todos nos gusta sacar conclusiones precipitadas basándonos sólo en lo que se ve a simple vista.

Aunque hayamos escuchado mil veces el cliché de que “appearances can be deceiving” ¿de verdad tanto es así? Al fin y al cabo si elegimos presentarnos ante los demás de determinada manera, es porque queremos (consciente o inconscientemente) que nos perciban así. ¿Y no estamos entonces retratando automáticamente nuestro verdadero yo? La que siempre es feliz tal vez tiene muchas tristezas que enterrar bajo sus risas, puede que ese bully que hace la vida imposible a los demás, sólo esté compensando sus inseguridades; aquella otra que siempre es tan fría y distante lo que tiene es miedo de que le rompan el corazón…

El juego de las realidades es un juego que cuenta con dos jugadores: el que mira y lo que es mirado. Y donde el principal obstáculo del que mira es él mismo. Todos  llevamos encima un equipaje cargado con algunas inseguridades, otro poco más de miedos, tal vez ciertos prejuicios que no queremos admitir… Nuestra mirada acaba condicionada y acabamos viendo siempre lo que queremos o necesitamos ver.

¿Somos nosotros, aunque no nos demos cuenta, los que acabamos siempre reflejados en los demás?

 

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